Sororidad de los hombres
• Botellita de Jerez se dirigió a quienes participaron en el diálogo tras la muerte de Armando Vega-Gil.
El piso se movió. La conversación fue generada. Y se nombró. El ruido no ha parado: “MeToo es un llamado a escuchar a las personas sobrevivientes, a poner fin a la cultura del silencio y a que nuestra respuesta tenga como centro de atención las personas sobrevivientes. Se debe dejar de cuestionar la credibilidad de la víctima y en su lugar hay que centrarse en la rendición de cuentas del agresor...”, afirmó Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres. Lo afirmó en 2018, hoy sus palabras son retomadas por la organización en nuestro país, porque la coyuntura lo pide: la discusión sobre la violencia de género no puede desvirtuarse o nos condenaremos a que todo siga igual. En ese mismo sentido, el grupo —ya extinto— Botellita de Jerez se dirigió a los mexicanos que participaron en el diálogo y la controversia tras la muerte de su compañero Armando Vega-Gil, acusado de acoso sexual a una menor: “Ni la causa feminista ni el movimiento Me Too son culpables de su suicidio. Como lo dejó en claro en su carta de despedida, misma que escribió con total responsabilidad y conciencia: “No se culpe a nadie de mi muerte”. Esta expresión no debe ser soslayada, sino asumida como un deseo genuino y patente de Armando (...) Nos oponemos resueltamente a la violencia contra las mujeres.
“Proponemos una seria reflexión en torno al suicidio en general. Privarse de la vida no representa cobardía o valentía; tampoco es una falsa salida (...) Es una opción extrema, pero respetable. Reconocemos que el anonimato de las víctimas es un recurso que las protege de nuevas agresiones y revictimizaciones. Somos conscientes que el aparato de impartición de justicia es deficiente, misógino y no ha funcionado (...). Consideramos que los espacios de denuncia pública necesitan urgentemente de filtros, protocolos, normatividades internas y marcos éticos que garanticen el ejercicio de los derechos de presunción, de inocencia, verdad, justicia y reparación, logrando distinguir las venganzas oportunistas (...) Reivindicamos el feminismo y las nuevas masculinidades que se afanan en lograr la equidad de género. Estamos en desacuerdo con los discursos de odio y a favor de las coincidencias y disidencias en un ámbito de respeto, sororidad y solidaridad. Busquemos puntos de encuentro, respetando nuestras diferencias…”.
Ayer, en Imagen Televisión, lo platicaba con El Bebeto, cantante millennial del género banda y ranchero (que iguala en YouTube a artistas como Madonna o Marilyn Manson): “La mujer es el ser más maravilloso que existe (...) A la mujer hay que darle su lugar (…) Hay que hacer el mundo nuestro. Nos necesitamos los unos y los otros”, me dijo, a sabiendas de que su ascendencia es competa entre los chavos más jóvenes, ésos que tienen que crecer amando a la mujer, no violentándola; somos #MachosNuncaGachos...
Ahora han salido, tras un ejercicio de reflexión, a intentar la contención, a buscar el redireccionamiento de lo que ha ocurrido en los últimos días. Lo dicen en lo que expresan sobre el suicidio de su compañero; sobre la violencia de género; sobre la urgencia de protocolos de denuncia; sobre la necesidad de empatía. ¿Habremos de quedarnos cada quien en nuestra esquina o estamos dispuestos a buscar una vía para la reconciliación? El pretexto para hablar de ello lo trajo el #MeToo, pero va más allá. Y es que los hombres más evolucionados no pueden si no ejercer una “sororidad” con todas las mujeres, particularmente en su país, en donde nueve mujeres son asesinadas cada día.
