Sobrevivir en el ojo del huracán

Si algo me quedó claro en la charla con Marcelo Ebrard, secretario de Economía, en el más reciente episodio de #YaViene, es que la relación MéxicoEstados Unidos atraviesa un momento de vértigo, en el que la estabilidad depende más de la sangre fría y la inteligencia ...

Si algo me quedó claro en la charla con Marcelo Ebrard, secretario de Economía, en el más reciente episodio de #YaViene, es que la relación México-Estados Unidos atraviesa un momento de vértigo, en el que la estabilidad depende más de la sangre fría y la inteligencia estratégica que de los viejos manuales diplomáticos. Mientras Ebrard desmenuza la feroz integración de la economía mexicana con la estadunidense –84% de las exportaciones nacionales dependen de ese mercado, una constante desde el siglo XIX–, el tablero global se sacude con el anuncio de aranceles de 35% de EU a Canadá, el otro socio del T-MEC. El mensaje es claro: nadie está a salvo del nacionalismo económico de la Casa Blanca, ni siquiera sus aliados históricos.

Ebrard alerta que el nuevo orden internacional está marcado por el “sistema de desventajas comparativas”: ya no se trata de producir mejor o más barato, sino de sobrevivir a la arbitrariedad política de Washington, donde los aranceles se imponen por tuitazo y las reglas del mercado son reemplazadas por la voluntad presidencial. El caso de Canadá es un ejemplo brutal: el gobierno de Trump impuso un arancel de 35% a productos canadienses, desatando una guerra comercial que, según analistas, pone en riesgo hasta 17% del empleo en México y Canadá, con 13.3 millones de personas dependientes del comercio con EU. La respuesta canadiense no se hizo esperar: represalias arancelarias y una escalada de tensiones que amenaza con descarrilar la integración norteamericana.

En este contexto, Ebrard subraya la resiliencia mexicana: nuestro país sigue siendo el socio más estratégico para EU, no sólo por la vecindad, sino por la integración de las cadenas productivas en sectores clave como el automotriz, la tecnología y los dispositivos médicos. “No puedes separar los huevos revueltos que llevamos haciendo ya 30 años”, ironiza. Pero también reconoce que la presión es constante y que la presidenta Claudia Sheinbaum (junto con todo su equipo estratégico) ha optado por una estrategia de firmeza y cabeza fría frente a los embates de Washington. Aunque podemos esperar varios años de constante incertidumbre y amenazas, la clave, dice, estará en negociar sin perder los estribos y buscar certidumbre en medio de la tormenta, especialmente de cara a la revisión del T-MEC en 2026.

El golpe a Canadá funciona como advertencia para México: ningún acuerdo comercial es inamovible y la protección arancelaria depende, cada vez más, del humor político en Washington. Ebrard recuerda que, en 2019, México estuvo a punto de enfrentar aranceles similares y sólo una negociación de última hora evitó el desastre. Hoy, la amenaza es permanente y la única defensa real es profundizar la integración, aumentar el contenido nacional y apostar por la innovación y la tecnología como escudo ante el proteccionismo.

La lección es contundente: en el nuevo orden mundial, la economía mexicana ya no puede darse el lujo de la complacencia. El neonacionalismo económico de EU es una fuerza sísmica que puede cambiar las reglas de un día para otro, de la mañana a la noche.

México, advierte Ebrard, debe prepararse para navegar estas aguas procelosas, fortalecer su posición en las cadenas globales y, sobre todo, no perder nunca la sangre fría instaurada por la presidenta Sheinbaum. Y aunque platicamos antes del anuncio de ayer, lo cierto es que, si hoy le tocó a Canadá, mañana puede ser el turno de México. Y en este juego sólo sobreviven los que entienden que, frente a la administración Trump 2.0, la diplomacia ya no es un vals, sino un maratón bajo tormenta.

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