Regaño presidencial
“No hay división política ni politiquería que valga”, sentenció la presidenta Claudia Sheinbaum en un llamado contundente a los gobernadores del país durante la 50 Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Seguridad Pública en Acapulco, Guerrero. El mensaje fue ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
“No hay división política ni politiquería que valga”, sentenció la presidenta Claudia Sheinbaum en un llamado contundente a los gobernadores del país durante la 50 Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Seguridad Pública en Acapulco, Guerrero. El mensaje fue claro: la seguridad no es un juego político, es una responsabilidad ineludible que requiere atención diaria y personal de cada mandatario estatal.
La elección de Acapulco como sede de este encuentro no fue casual. Guerrero, bajo el mando de Evelyn Salgado, ha sido escenario de persistentes desafíos en materia de seguridad. Sin embargo, sería ingenuo pensar que el “regaño presidencial” estaba dirigido únicamente a la gobernadora anfitriona. La realidad es que varios estados se encuentran en la mira por sus alarmantes índices delictivos.
Sinaloa, Baja California, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Zacatecas y Guanajuato son sólo algunos de los estados que han visto un recrudecimiento de la violencia en los últimos meses. Incluso la Ciudad de México, otrora bastión de Sheinbaum, no escapa a esta realidad. La Presidenta, con la autoridad que le confiere haber sido jefa de Gobierno capitalina, sabe de primera mano que la seguridad se construye día a día, sin descanso.
“Donde el gobernador o gobernadora está al frente, se nota. Donde no se atiende, siempre hay problemas”, afirmó Sheinbaum, dejando claro que la presencia activa de los mandatarios en los gabinetes de seguridad no es negociable. Es un llamado a la responsabilidad, a dejar de lado la comodidad del despacho y enfrentar de cara la realidad que viven los ciudadanos en las calles.
El mensaje presidencial subraya una realidad incómoda: la seguridad no puede delegarse a subordinados. La presencia del gobernador en las reuniones de seguridad no es un mero acto protocolario, sino una necesidad operativa que permite la toma de decisiones inmediata y la coordinación efectiva entre diferentes niveles de gobierno. La ausencia de los mandatarios en estas reuniones no sólo refleja una falta de compromiso con la seguridad pública, sino que también envía un mensaje equivocado a las estructuras criminales sobre la determinación del Estado para enfrentarlas.
La estrategia de seguridad del gobierno federal se sostiene en cuatro pilares: coordinación, atención a las causas, fortalecimiento de las instituciones y uso de inteligencia e investigación. Sin embargo, de nada sirve este andamiaje si los gobernadores no asumen su papel como líderes en la implementación de estas políticas en sus territorios.
El mensaje de Sheinbaum no sólo es un recordatorio de las obligaciones inherentes al cargo, sino también una advertencia velada. En un momento en que la seguridad se ha convertido en la principal preocupación de los mexicanos, la inacción o la falta de compromiso de los gobernadores podría tener consecuencias políticas significativas.
La Presidenta ofreció el apoyo del gobierno federal, pero dejó claro que éste no sustituye la responsabilidad local. “Es indispensable que ustedes asuman esa responsabilidad, la coordinación no se puede dar si no está la cabeza”, sentenció, en lo que pareció ser un ultimátum a aquellos mandatarios que han delegado la seguridad a segundos o terceros en el mando.
El llamado de Sheinbaum es también un reconocimiento tácito de que la estrategia de abrazos, no balazos ha quedado atrás. La nueva administración parece apostar por un enfoque más proactivo y coordinado, donde la presencia constante de los gobernadores en los gabinetes de seguridad es crucial para el éxito de las operaciones.
- En última instancia, este enérgico mensaje presidencial es un recordatorio de que la seguridad no es un asunto de partidos o ideologías, sino una responsabilidad compartida que requiere el compromiso total de todos los niveles de gobierno. Los gobernadores han sido puestos sobre aviso: la era de la pasividad en materia de seguridad ha terminado. Ahora la pregunta es quiénes atenderán el llamado y quiénes se quedarán rezagados en esta nueva etapa de la lucha contra la delincuencia en México.