Primer año: los éxitos y los retos

El primer año de Claudia Sheinbaum como la primera presidenta de México representa un hito histórico que, sin duda, quedará marcado en los anales políticos del país. Su gestión ha mostrado aciertos notables, pero también desafíos que siguen exigiendo respuestas ...

El primer año de Claudia Sheinbaum como la primera presidenta de México representa un hito histórico que, sin duda, quedará marcado en los anales políticos del país. Su gestión ha mostrado aciertos notables, pero también desafíos que siguen exigiendo respuestas contundentes y renovadas.

Uno de los puntos más destacados ha sido su manejo estratégico y efectivo ante la crisis arancelaria con Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump. En un momento de alta tensión comercial y política, Sheinbaum navegó con firmeza y diplomacia, logrando que México evitara los peores escenarios económicos derivados del aumento de tarifas. Su capacidad para mantener un diálogo abierto y firme, apoyado en alianzas estratégicas, protegió la economía mexicana de un impacto que podría haber sido devastador.

Este éxito ha contribuido no sólo a ganarse un lugar de amplio reconocimiento internacional, sino a sostener una imagen muy positiva entre la ciudadanía en México, reflejada en sus altos y sostenidos niveles de aprobación desde que tomó posesión. La Presidenta ha sabido comunicar una visión clara de transformación y esperanza, ganándose la confianza no sólo de sus bases políticas, sino también de amplios sectores sociales. La población percibe en Sheinbaum a una líder cercana y comprometida con las problemáticas diarias.

Un pilar fundamental de su gobierno ha sido la continuidad en el combate a la pobreza, uno de los retos estructurales más profundos que enfrenta México. La administración ha reforzado programas sociales, ampliado el acceso a servicios básicos y promovido políticas públicas orientadas a mejorar la calidad de vida de las poblaciones más vulnerables.

Sin embargo, no todo es triunfo en este primer año. Persisten pendientes cruciales, sobre todo en el campo del combate a la corrupción. A pesar de las promesas y de algunos avances en transparencia y rendición de cuentas, los mecanismos para erradicar las prácticas corruptas aún parecen insuficientes. La percepción ciudadana sobre este flagelo sigue siendo preocupante y la credibilidad en las instituciones está por consolidarse plenamente. Asimismo, y pese a ciertos avances en materia de seguridad, la inseguridad y la violencia ligada al crimen organizado continúan siendo un reto mayúsculo. Los índices de violencia siguen altos en varias regiones del país y la lucha contra los cárteles y la delincuencia organizada no ha logrado disminuir significativamente los niveles de violencia.

El primer año de Claudia Sheinbaum en la Presidencia de México muestra un balance mixto: éxitos claros en la arena internacional y en políticas sociales, acompañados de desafíos serios en la batalla contra la corrupción y la inseguridad. La expectativa ahora está en cómo consolidará estos logros y enfrentará los pendientes para cimentar un gobierno que responda plenamente a las demandas de un México que sigue clamando por justicia, seguridad y bienestar.

La gobernabilidad en un país tan diverso y complejo como México demanda un diálogo constante con todos los sectores, y ahí Sheinbaum enfrenta el reto de fortalecer la inclusión y la participación social. Los movimientos sociales, comunidades indígenas y diversos actores han demandado mayor atención y apertura para construir consensos. Será fundamental que su administración logre abrir estos espacios. Un reto adicional radica en la relación con el sector “duro” de Morena, un grupo dentro del partido que, hasta ahora, ha mostrado resistencia para asumir plenamente su liderazgo y alinear su agenda con las líneas de honestidad y transparencia que la ciudadanía exige. Esta división interna genera tensiones que pueden afectar la cohesión del gobierno y minar la confianza pública. Será crucial que Sheinbaum ejerza un liderazgo firme y claro, promoviendo la unidad y una conducta ética dentro de su movimiento, de modo que Morena deje de ser visto como caldo de cultivo para la corrupción (como todos antes de ellos), y convertirse en un motor de cambios profundos y genuinos en el país.

El verdadero cambio no se mide en un año ni en palabras, sino en actos firmes y constantes. Claudia Sheinbaum tiene en sus manos, todavía, la enorme posibilidad de transformar no sólo un país, sino el alma misma de su pacto social. El reto es grande, pero el momento histórico reclama valentía, unidad y verdad para que este nuevo capítulo sea, finalmente, un renacer.

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