¿Por qué tan nerviosos, senadores?
Con el Himno Nacional de fondo, como banda sonora perfecta para una telenovela de las tres de la tarde, Alejandro Alito Moreno y Gerardo Fernández Noroña nos regalaron ayer el momento más entrañable de la política nacional. Porque nada dice “amor a la patria” como ...
Con el Himno Nacional de fondo, como banda sonora perfecta para una telenovela de las tres de la tarde, Alejandro Alito Moreno y Gerardo Fernández Noroña nos regalaron ayer el momento más entrañable de la política nacional. Porque nada dice “amor a la patria” como intercambiar golpes mientras suena la música que todos aprendimos a respetar en la primaria.
Pero hay algo curioso en esta escena de hermandad legislativa: ¿por qué tanta energía acumulada? Uno esperaría que dos servidores públicos tan dedicados estuvieran más relajados, disfrutando de la tranquilidad que da el trabajo bien hecho.
Tomemos a Alito. Ahí estaba, exigiendo la palabra con la pasión de quien realmente tiene algo importante que decir. Quizá quería compartir anécdotas sobre cómo su hermano Emigdio desarrolló ese talento natural para los negocios o explicar esa fascinante técnica donde 67 depósitos por 11 millones de pesos aparecen en las cuentas familiares como por arte de magia.
Fernández Noroña parecía especialmente tranquilo. Tal vez un poquito ansioso por compartir consejos de administración del hogar, considerando que logró ahorrar para comprarse una casita en Tepoztlán por sólo 12 millones de pesos. Un verdadero ejemplo de organización financiera personal: pasar de vender libros para comer a vivir en 1,200 metros cuadrados de pura modestia franciscana.
Pero analicemos el contexto. Alito acaba de conseguir algo admirable: modificar los estatutos del PRI para reelegirse tres veces consecutivas. Qué dedicación al servicio partidista. Definitivamente, su nerviosismo no tiene nada que ver con que la reforma electoral amenace con reducir los recursos públicos que manejan los partidos. Sería muy malpensado creer que alguien se aferre a un cargo sólo por el acceso a miles de millones de pesos anuales.
Y Fernández Noroña está viviendo un momento de transición: pronto dejará la presidencia del Senado. Seguramente está emocionado por tener más tiempo libre, aunque uno se pregunta si no extrañará esa tribuna tan entrañable para quien gusta de dar la nota cada día. O tal vez porque va a extrañar a Lilly Téllez, no lo sé.
El momento de la pelea fue particularmente emotivo. “Te rompo tu madre”, le gritó Alito con la elocuencia que caracteriza a nuestros legisladores. “No me toques”, respondió Fernández Noroña con la dignidad de quien aprendió a manejar situaciones incómodas. Un intercambio que quedará en los anales de la oratoria parlamentaria de nuestro país.
Lo fascinante del timing es que, mientras celebraban la fraternidad política con sus puños, El Mayo Zambada estaba en Brooklyn confesando haber mantenido relaciones comerciales con “policías, militares y políticos” durante 50 años. Cincuenta años de colaboración público-privada que seguramente no incluyen a ningún funcionario actual. Sería paranoia pensar lo contrario.
La preguntita inevitable: ¿no será que tanto Alito como Fernández Noroña están pasando por un periodo de estrés natural? Ya saben, esas épocas en las que uno se pone irritable sin razón aparente. Todos los días vemos Lords y Ladies en las mismas circunstancias en nuestro país. Pudo haber sido el tráfico.
El Himno Nacional que sonaba durante su intercambio de cariño entre los senadores era la banda sonora perfecta para una tarde en la que dos servidores públicos ejemplares nos recordaron por qué la política mexicana es tan celebrada por el pueblo. Después de todo, ¿quién no disfruta de un buen espectáculo salpicado de testosterona y un debate de altura desde la tribuna?
ADDENDUM
Si yo fuera la prefecta en el recreo, tendría que decir lo que todos vimos: que Alito se subió a la fuerza hasta la tribuna y fue, no sólo el primero en soltar unos trancazos, sino en perseguir a Fernández Noroña, con los puños muy cerrados, hasta el extremo opuesto del estrado.
