Para descansar
A una semana del fin del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, parece que el país está en modo “a todo galope”. Las noticias se suceden una tras otra, sin tregua. Y mientras más cerca estamos de su salida, más parece acumularse el frenesí presidencial y el ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
A una semana del fin del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, parece que el país está en modo “a todo galope”. Las noticias se suceden una tras otra, sin tregua. Y mientras más cerca estamos de su salida, más parece acumularse el frenesí presidencial y el cansancio colectivo por las mismas controversias que dominan la vida pública.
Descansar. Ésa es la palabra que más viene a la mente para muchos. Descansar de la eterna despedida de AMLO, que, aunque suene paradójico, ha durado casi más que su mandato mismo. El “largo adiós” ha sido una coreografía interminable de mañaneras, de último grito, de reformas urgentes que han generado debates intensos. AMLO, como actor principal en esta puesta en escena, se ha asegurado de que hasta el último minuto se hable de él, de su legado, y de lo que dejará —o no— tras su salida al rancho en Palenque.
Entre los temas más pesados de este último mes está la reforma al Poder Judicial, que no sólo ha generado un terremoto en el ámbito legal y judicial del país, sino que ha dejado una herida abierta entre quienes dedican su vida a la ley. El golpe ha sido duro y más que una reforma se siente como una demolición de un pilar republicano. ¿Podremos descansar cuando pase qué cosa, cuando el INE diga que está en chino organizar esa elección, cuando nosotros los votantes tengamos unas boletas incomprensibles y apliquemos el “de tin marín de do pingüé” para elegir entre el candidato de Morena uno, el de Morena dos y el de Morena diez? ¿O cuando fracase el sistema, como ha fracasado ampliamente en Bolivia? ¿Descansaremos? Quizá no, porque lo que sigue es reconstruir desde cero, en un ambiente de profunda incertidumbre.
Luego está la adscripción de la Guardia Nacional a la Sedena. Una maniobra que mezcla la seguridad y la militarización del país, abriendo nuevos frentes de debate sobre el rol del Ejército en la vida civil. ¿Podemos realmente descansar sabiendo que cada vez más instituciones civiles caen bajo control militar? Hay quienes dirán que esta es una garantía de estabilidad, pero la historia nos enseña que militarizar la seguridad interna no siempre trae la paz prometida.
Y, ¿qué decir del tipo de cambio peso-dólar? Lo que alguna vez fue un símbolo de estabilidad económica ahora se siente como una montaña rusa que no se detiene. Cada decisión política parece tener un eco en los mercados internacionales, y la moneda es el termómetro de las ansiedades del país. La fluctuación del peso no es sólo un tema para economistas; es una señal de cuan volátiles son nuestros tiempos.
No podemos olvidar la violencia que sacude a Sinaloa (con 50 muertos desde que empezó este último episodio) y otras regiones del país, con el constante protagonismo de los cárteles y figuras como El Chapo, que se niegan a salir de la conversación pública. Cada captura, cada enfrentamiento, cada noticia de una operación militar trae consigo una mezcla de alivio momentáneo y un cansancio profundo. El ciclo de violencia parece eterno y descansar de él parece casi imposible.
Además, las cartas de García Luna, las acusaciones que pesan sobre él, los hilos que llevan a figuras del pasado como Ernesto Zedillo, nos recuerdan que México es un país donde el pasado nunca está del todo enterrado. ¿Cómo descansar cuando viejos fantasmas siguen arrastrando cadenas, acechando las instituciones actuales?
Es un largo etcétera que define estos últimos días del sexenio de AMLO. Un etcétera lleno de giros inesperados, de decisiones rápidas, de tensiones políticas que parecen estar en un punto de ebullición constante. Todo esto a días de que AMLO se retire formalmente. ¿Será su partida el alivio que algunos esperan, o simplemente el inicio de otra ronda de caos, con nuevos actores y escenarios que ocuparán el vacío que deje?
Quizá no podamos descansar pronto. Quizá el cansancio es parte de la nueva normalidad de un México siempre en movimiento, siempre debatiéndose entre el cambio y el caos. Pero, al menos por ahora, lo único que podemos hacer es esperar a que pase esta semana. Y cuando el telón finalmente caiga, tal vez —sólo tal vez— podamos por fin tomar un respiro profundo y descansar.
Aunque sea por un momento.