¿Moscú en el patio trasero?
No es casualidad que elNew York Timeshaya decidido colocar ayer como nota principal de su portada digital un extenso reportaje sobre la red de espionaje ruso en México. Esto no es sólo periodismo; en el lenguaje de Washington, es un aviso o, peor aún, un ultimátum. ...
No es casualidad que el New York Times haya decidido colocar ayer como nota principal de su portada digital un extenso reportaje sobre la red de espionaje ruso en México. Esto no es sólo periodismo; en el lenguaje de Washington, es un aviso o, peor aún, un ultimátum. La investigación confirma lo que el Comando Norte de Estados Unidos lleva años advirtiendo en voz baja y que hoy grita a los cuatro vientos: nuestro país se ha convertido en la oficina más grande del GRU fuera de Moscú. Ya no se trata de rumores o declaraciones aisladas de generales estadunidenses; el reportaje detalla cómo, bajo la nariz de la administración anterior, la de López Obrador, el territorio nacional pasó de ser terreno neutral a una plataforma operativa para sabotear, vigilar y desestabilizar a Estados Unidos.
Para la presidenta Claudia Sheinbaum, éste es, quizás, un nuevo test de fuego geopolítico durante su mandato. La herencia de la doctrina de “no intervención” sirvió para mantener la fiesta en paz internamente, pero dejó la puerta abierta a actores extranjeros que no ven a México como un socio, sino solamente como un trampolín. La indiferencia ya no es una opción viable, especialmente con la revisión del T-MEC a la vuelta de la esquina en 2026 y un ambiente político en Washington al que no le cuesta virar hacia la hostilidad. Sheinbaum no puede permitirse que México sea etiquetado oficialmente como una amenaza a la seguridad nacional de su principal socio comercial.
Tampoco podemos ignorar el impacto económico directo de este silencio administrativo. La promesa del nearshoring y la integración tecnológica con Norteamérica se basan en un pilar fundamental: la confianza compartida. ¿Cómo esperar que Estados Unidos o Canadá trasladen cadenas de suministro críticas, como la de los semiconductores o la electromovilidad, a un vecino cuyo aparato de inteligencia parece permeado por el Kremlin? Permitir esta laxitud operativa no sólo compromete secretos de Estado, sino que pone en riesgo miles de millones de dólares en inversiones.
A nivel interno, este episodio exige a Sheinbaum una definición de liderazgo que marque distancia con la retórica de la “soberanía selectiva”. Mientras sectores radicales de su propio movimiento podrían verse tentados a minimizar el reporte descalificándolo como un ataque “neoliberal” o “injerencista”, la Presidenta debe imponer una visión pragmática de Estado. No se trata de ceder ante la presión de Washington, sino de limpiar la casa propia por respeto a los mexicanos.
Si la Presidenta quiere evitar una colisión frontal con la Casa Blanca y proteger la soberanía —la real, no la retórica—, debe actuar con precisión quirúrgica e inmediata.
La prioridad absoluta debe ser una limpieza profunda en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). El reportaje sugiere que la contrainteligencia mexicana había sido omisa o incluso cómplice, por lo que una auditoría de seguridad interna es indispensable; no se puede permitir que las agencias nacionales estén infiltradas o “dormidas” mientras operan agentes extranjeros en la capital. Y éste es el mensaje para Omar García Harfuch, un secretario de Seguridad en quien los estunidenses sí confían.
Simultáneamente, la diplomacia mexicana debe endurecerse en privado, aunque mantenga las formas en público. La Cancillería tendría que citar al embajador ruso para trazar una línea roja inamovible: México es neutral, pero no es territorio de operaciones hostiles contra otros países. Si el número de acreditados diplomáticos rusos en la Ciudad de México supera cualquier lógica comercial o cultural, deben ser reducidos.
Finalmente, es imperativo reactivar una cooperación visible con Washington.
Sin caer en la sumisión, el gobierno de Sheinbaum necesita mostrar con hechos verificables que no solapará actividades ilícitas en nuestro territorio. Ignorar el reportaje de hoy validaría la narrativa de los sectores más radicales en EU, que exigen intervenciones agresivas. La portada del Times es un reloj de cuenta regresiva y la oportunidad para que la Presidenta que entiende que, en la geopolítica actual, permitir que el oso moscovita acampe en el patio trasero es la forma más rápida de invitar al águila estadunidense a intentar entrar por la fuerza a nuestra casa.
