Mi ciudad no es chinampa

Mi ciudad no es chinampa y el domingo el lago no estaba escondido: estaba en el aeropuerto y en todas las calles de la ciudad. Domingo 10 de agosto: 84.5 mm en el centro en menos de una hora. Récord desde 1952. Vimos auto tras auto flotando, pisos convertidos en ríos, ...

Mi ciudad no es chinampa y el domingo el lago no estaba escondido: estaba en el aeropuerto y en todas las calles de la ciudad. Domingo 10 de agosto: 84.5 mm en el centro en menos de una hora. Récord desde 1952. Vimos auto tras auto flotando, pisos convertidos en ríos, hospitales con agua donde antes curaban heridas y millones de habitantes preguntando, ¿dónde está el drenaje que prometieron, sexenio tras sexenio, todos los partidos? En sólo 20 minutos cayeron 50 mm de lluvia en el Zócalo. Para ponerlo en perspectiva, el promedio histórico de agosto es apenas 152 mm en todo el mes; ahora, medio mes bajo el agua en una hora. Durante junio de 2025 se registraron 337 millones de metros cúbicos de agua sobre la ciudad, cuando el promedio histórico era de 130 mm. Este año alcanzamos 226 mm sólo en junio, superando 75% de los junios más lluviosos en medio siglo. Más de 19.9 millones de metros cúbicos se acumularon durante la noche de la inundación. No es chinampa, ¿o sí?

La ciudad se hunde y la infraestructura, también. La urbe camina “con los pies mojados” porque el drenaje profundo, inaugurado en 1975 para funcionar 50 años, ya opera en su límite. El 40% del agua de la ciudad se pierde en fugas por tuberías viejas y mal conectadas. Son 12,000 litros por segundo que se pierden, el equivalente a 345 albercas olímpicas drenándose diariamente. Sólo entre 2002 y 2016 se registraron más de 1,163 millones de pesos en daños por inundaciones, afectando a 67,000 habitantes y 12,000 viviendas. El estatus de mantenimiento es crítico: se anunciaron 1,570 millones de pesos este año, pero se necesitan 100,000 millones para renovar la infraestructura. Todos los esfuerzos siguen siendo insuficientes. Todos los partidos bailan la misma canción: baja el presupuesto para tuberías, se postergan los planes maestros y la modernización del drenaje se queda en promesas. De 2023 a hoy, los desastres de origen hidrometeorológico representaron 98% de las afectaciones, sumando 88,910 millones de pesos en daños nacionales. El crecimiento desordenado y la falta de áreas permeables dejan la ciudad sin espacio para respirar. Según datos del Sistema Nacional de Protección Civil, en los últimos cinco años las inundaciones urbanas han aumentado 34% en intensidad y frecuencia.

El panorama no mejora cuando observamos las proyecciones. La alerta púrpura, que se activa con más de 70 mm de precipitación por hora, antes era excepcional; ahora es recurrente. El gobierno ha invertido en 42 intervenciones hidráulicas durante esta administración, pero el desafío sigue siendo integral y gigantesco. Los expertos del Instituto de Ingeniería de la UNAM advierten que, si seguimos con “chorros de promesas”, en cinco años podría haber sólo 8% de hogares con agua constante. Los demás vivirán entre pipas y garrafones; no es una vida digna. La situación se agrava cuando consideramos que la Ciudad de México se hunde entre 15 y 40 centímetros por año debido a la sobreexplotación del acuífero. Mientras tanto, la expansión urbana ha reducido las zonas de absorción natural en 67% desde 1990. Cada tormenta encuentra menos suelo permeable y más concreto, creando un efecto dominó que convierte las calles en ríos y las casas en barcos a la deriva.

No le pidas a Tláloc lo que se debe exigir en el presupuesto. Mi ciudad no es chinampa, pero flota sobre la indolencia y el abandono. Los datos de la Comisión Nacional del Agua revelan que México invierte apenas 0.31% de su PIB en infraestructura hídrica, mientras que países con desafíos similares destinan al menos 1.2 por ciento. La próxima tormenta no perdonará la indiferencia: la letra que cantamos hoy debe ser de protesta y urgencia, porque cuando cae el agua no distingue entre el palacio y la vecindad.

Somos todos los que nos estamos hundiendo, todos los que pagamos años de abandono. Las cifras del Banco Mundial indican que cada peso no invertido en prevención cuesta cinco en reconstrucción. Hay que invertir hoy, con recursos reales y planes integrales que incluyan desde la renovación del drenaje profundo hasta la creación de más parques lineales y sistemas de captación pluvial. Porque, si no, “mi ciudad se hunde” no será sólo una canción, sino el epitafio de una metrópoli que prefirió flotar en promesas antes que construir soluciones reales.

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