Llamada hoy (diplomacia al límite)
En la víspera de la entrada en vigor de los aranceles estadunidenses de 30% a productos mexicanos fuera del TMEC una medida que podría cimbrar el comercio bilateral, la presidenta Claudia Sheinbaum sostendrá hoy por la mañana una llamada telefónica con el presidente ...
En la víspera de la entrada en vigor de los aranceles estadunidenses de 30% a productos mexicanos fuera del T-MEC —una medida que podría cimbrar el comercio bilateral—, la presidenta Claudia Sheinbaum sostendrá hoy por la mañana una llamada telefónica con el presidente Donald Trump. Esta comunicación representa, además del cierre de una intensa ruta de negociaciones técnicas encabezadas por Marcelo Ebrard, secretario de Economía, y Roberto Velasco, encargado de Unidad para América del Norte en SRE, una oportunidad de último minuto para renegociar, apaciguar tensiones y discutir temas que van más allá de lo estrictamente aduanal. Trump ha condicionado la imposición de aranceles a avances concretos de México en materia de migración, combate al narcotráfico e importaciones irregulares de productos chinos. Ambas partes, en las semanas previas, han buscado una fórmula que permita exentar, aunque sea parcialmente, los envíos mexicanos: mientras lo incluido en el T-MEC quedará protegido, alrededor de 15% del comercio bilateral fuera del acuerdo se enfrentaría a la nueva tarifa, una amenaza que el gobierno mexicano considera una “granada arancelaria” con capacidad de afectar más de 800 mil millones de dólares en intercambios anuales. En este contexto, las gestiones diplomáticas y técnicas de Ebrard y Velasco han ofrecido propuestas potencialmente persuasivas para equilibrar el comercio y responder a preocupaciones de seguridad planteadas desde Washington.
A la habitual agenda de comercio, migración y seguridad, Claudia Sheinbaum puede sumar nuevas cartas durante esta delicada llamada presidencial. Es previsible que busque garantizar el blindaje del T-MEC, exigiendo claridad de que ni la próxima revisión del tratado ni presiones unilaterales pongan en riesgo su vigencia a mediano plazo. También podría proponer mecanismos flexibles que incluyan excepciones sectoriales y reglas de gradualidad para productos clave que impactan en la economía nacional, como agroindustria, autopartes y tecnología, así como enfatizar la necesidad de vincular la agenda comercial con proyectos conjuntos de desarrollo e inversión en el sur de México y Centroamérica, proponiendo soluciones de desarrollo en vez de acciones punitivas.
Otro elemento decisivo sería negociar acuerdos de confianza sobre cumplimiento y verificación, así como mecanismos claros de reporte de acciones contra el tráfico de drogas o mercancías ilegales, en un intento por evitar decisiones unilaterales motivadas políticamente por el momento electoral que se vive en ambos países. Además, México tiene razones urgentes para defender sectores altamente integrados con Estados Unidos, como el acero, aluminio y productos agroindustriales, que podrían ser especialmente afectados por el entorno global proteccionista. Finalmente, Sheinbaum podría insistir en la creación de nuevos mecanismos de diálogo y la institucionalización de una mesa técnica permanente para resolver diferendos comerciales y de seguridad, evitando el uso de amenazas o ultimátums públicos.
La llamada entre Sheinbaum y Trump será, en muchos sentidos, un ejercicio de liderazgo y diplomacia llevados al límite. Si bien buena parte del terreno técnico ya lo han recorrido Ebrard y Velasco, la Presidenta tiene el margen para plantear una visión más amplia y de futuro: blindaje institucional, integración productiva, soluciones humanas al fenómeno migratorio y, sobre todo, un enfoque pragmático que amortigüe el efecto de políticas de corto plazo gestadas desde la Casa Blanca. En este momento, el teléfono será el instrumento último de gobernabilidad y moderación entre dos países cuya relación trasciende cualquier vaivén arancelario y demanda, más que nunca, estadistas a la altura del reto. Sabemos que ella lo ha logrado exitosamente en cada comunicación. Esperemos que el día de hoy. también él esté a la altura de una relación bilateral que no ha hecho sino nutrir a nuestras dos naciones, ¡Suerte, Presidenta!
