Lecciones del 8M a 15N-GenZ
Hoy habrá una marcha. La convoca la Generación Z. Exige que dejen de matarlos, que haya trabajo digno, que el país no sea presa del CO. Claudia Sheinbaum ya salió a decir que la movilización “no es genuina”, que es “inorgánica, pagada y articulada por la derecha ...
Hoy habrá una marcha. La convoca la Generación Z. Exige que dejen de matarlos, que haya trabajo digno, que el país no sea presa del CO. Claudia Sheinbaum ya salió a decir que la movilización “no es genuina”, que es “inorgánica, pagada y articulada por la derecha internacional”, que costó 90 millones de pesos, que hay ocho millones de bots detrás. El problema es que esto ya lo vimos. Y ya sabemos cómo termina.
Durante seis años, Andrés Manuel López Obrador hizo exactamente lo mismo cada 8 de marzo. Las marchas feministas fueron sistemáticamente descalificadas: el movimiento era “conservador”, “reaccionario”, estaba “infiltrado por opositores”. Llegó a advertir que las manifestantes se preparaban “con marros, sopletes y bombas molotov”. El repertorio del gobernante nervioso: toda crítica es un complot, toda protesta es un golpe planeado.
¿Y qué logró? Legitimar aquello que intentaba desacreditar. Cuando un gobierno descalifica una protesta legítima atribuyéndola a fuerzas oscuras, le da razón de ser a quienes no estaban seguros de participar.
¿Hay infiltración en la marcha de este sábado? Por supuesto. La CNTE apareció días antes y trató de derribar las vallas de Palacio Nacional. Políticos del PAN y del PRI se suben al vagón con todo el cinismo que les cabe en el cuerpo. Eso claro que ensucia la marcha.
Pero aquí está el punto que se les escapa en Palacio Nacional: que haya infiltración no significa que la protesta sea una farsa. La primera marcha de GenZ, el 8 de noviembre, salió a exigir un alto a la crisis de inseguridad después del asesinato del alcalde de Uruapan. Eso no es un invento. Y a esos jóvenes no les importa si Vicente Fox o la CNTE quieren salir en la foto. Ellos, los jóvenes, tienen sus propias razones para estar en la calle.
La lección del 8M: no puedes combatir la infiltración descalificándolos a todos. Cuando López Obrador acusaba a las morras feministas de ser conservadoras disfrazadas, sólo lograba unirlas a todas contra un gobierno que no las escuchaba. Las vallas de Palacio Nacional se convirtieron en antimonumentos donde escribieron nombres de víctimas de feminicidio, tapizaron todo Paseo de la Reforma con nombres y fotos, crearon los “tendederos” con nombres y apellidos... Y ahora, esta semana volvieron a colocar barricadas de concreto y vallas metálicas. Como si la historia no hubiera enseñado nada.
Lo inteligente sería reconocer que sí, que hay viejos políticos (que, en efecto, ni a chavorrucos llegan) tratando de sacar raja política. Y después decir: pero por encima de ellos están los y las jóvenes y a ellos los vamos a escuchar. Separar el trigo de la paja. Aislar a los oportunistas atendiendo las demandas reales.
Pero no. Por ahora, en la mañanera ganó el libreto de López Obrador: presentar análisis de redes y señalar culpables internacionales, felicitar a un diario por identificar bots. Y cada vez que dice que la marcha es falsa, está diciendo que los jóvenes que salen hoy no piensan por sí mismos. Que están manipulados, que son tontos útiles. Eso lo único que logrará será enojarlos más.
Hoy saldrán jóvenes que crecieron en la era de la violencia normalizada. Llegarán políticos y maestros oportunistas, sí. Pero también estudiantes hartos, familias rotas, generaciones que sienten que el país se les está rompiendo. A ellos no les puedes decir que son un invento, un engaño, una ficción.
Las lecciones del 8M estaban ahí. Pero ahora tendremos otra marcha, otras vallas, otro gobierno que se atrinchera mientras afuera le piden ser escuchados. Historia que se repite, primero como tragedia y después como equivocación. Ojalá la Presidenta recuerde que, cuando joven, ella también fue manifestante… porque recordará entonces que la descalificación solamente se convierte en gasolina.
