LATAM sangrando en tres actos
Aquí estamos de nuevo, contando heridos, lamentando que el deporte más hermoso del mundo sea excusa para lo más feo de nuestra condición humana.
Ayer, jueves 21 de agosto de 2025, América Latina amaneció con el sol, pero terminó el día contando muertos. No es una metáfora. Es el parte diario de una región que parece condenada a repetir sus peores vicios, como si la violencia fuera un patrimonio cultural del que no podemos desprendernos.
El futbol argentino volvió a mostrar su cara más oscura. Lo que debía ser una fiesta deportiva se convirtió en campo de batalla, con barras bravas que entienden la pasión como sinónimo de salvajismo. Las imágenes de hinchas ensangrentados, las tribunas convertidas en ring de boxeo, los niños llorando en brazos de sus padres mientras intentaban escapar del caos. Todo esto ya lo hemos visto antes. Demasiadas veces. Y, sin embargo, aquí estamos de nuevo, contando heridos, lamentando que el deporte más hermoso del mundo sea excusa para lo más feo de nuestra condición humana.
Mientras tanto, en Colombia, la violencia tomó otras formas, pero con la misma brutalidad de siempre. Un camión bomba estallado en una base militar cobró seis vidas y dejó al menos 60 heridos. Un país que ha intentado durante décadas cerrar las heridas de sus conflictos internos se encuentra nuevamente enfrentando episodios que nos recuerdan que la paz es más frágil de lo que queremos creer. Los detalles específicos pueden variar, pero el dolor es el mismo: familias destrozadas, comunidades aterrorizadas, un tejido social que se desgarra con cada acto de barbarie.
Y México, ay, México, que no encuentra tregua en su guerra sin fin. La violencia del narcotráfico, las disputas territoriales, los ajustes de cuentas que se cobran vidas inocentes. Los mismos titulares: CJNG, Sinaloa… Hoy fue otro día más en esta espiral que parece no tener fondo, donde los cárteles escriben con sangre sus mensajes y el Estado parece cada vez más impotente para proteger a sus ciudadanos.
Lo más desgarrador de todo esto es la normalización. Nos hemos acostumbrado tanto a estos titulares que ya casi no nos sorprenden. “Otro día violento en América Latina”, pensamos mientras pasamos a la siguiente noticia. Pero cada número en las estadísticas es una vida truncada, una familia destruida, un futuro que no será.
¿Hasta cuándo? Es la pregunta que nos hacemos cada vez con menos esperanza de respuesta. Porque el problema no es sólo la violencia en sí misma, sino las estructuras que la perpetúan: la impunidad que la protege, la corrupción que la alimenta, la desigualdad que la justifica, la indiferencia que la normaliza.
Hoy, Argentina, Colombia y México comparten más que un idioma y una historia colonial. Comparten la tragedia de no poder garantizar a sus ciudadanos algo tan básico como el derecho a vivir sin miedo. Y mientras escribo estas líneas, sé que mañana probablemente estaré escribiendo algo parecido, sólo que con otros nombres, otros lugares, otras víctimas.
La violencia en América Latina no es noticia. La noticia sería el día que podamos escribir sobre otra cosa.
