La sombra que no quiere hacer sombra
Andrés Manuel López Obrador reapareció el domingo con un video de casi 50 minutos donde dijo: “No hay que hacerle sombra a nuestra Presidenta”. Y con esa sola frase, con ese video ocupando todas las portadas del país, acaba de hacerle exactamente lo que dice que no ...
Andrés Manuel López Obrador reapareció el domingo con un video de casi 50 minutos donde dijo: “No hay que hacerle sombra a nuestra Presidenta”. Y con esa sola frase, con ese video ocupando todas las portadas del país, acaba de hacerle exactamente lo que dice que no quiere hacer. Cuando un hombre te dice “no quiero protagonismo” mientras graba un mensaje de 50 minutos que toda la República tiene que ver, cuando te dice “tú conduces muy bien” mientras sigue dando instrucciones desde el asiento del copiloto. Eso no es apoyo, es tutela disfrazada de humildad. López Obrador insistió en que sólo volvería a las calles para defender a la presidenta Sheinbaum si hubiese un intento de golpe de Estado. Y aquí viene lo más absurdo: la encuesta publicada hoy por El Financiero revela que siete de cada diez mexicanos, 70%, aprueba la gestión de Claudia Sheinbaum. ¿En serio López Obrador cree que una Presidenta con 70% de aprobación necesita su “defensa”? Ella no necesita un caballero andante. Ella tiene el respaldo mayoritario del pueblo de México. Si de verdad López Obrador respetara el liderazgo de Sheinbaum, simplemente publicaría su libro y punto. O tendría la valentía de ir a la FIL Guadalajara a presentarlo. Porque cada vez que AMLO tiene que decir públicamente “apoyen a la Presidenta”, lo que está diciendo implícitamente es: “Yo soy quien tiene la autoridad para pedirles que la apoyen”. Está ejerciendo exactamente el poder que dice no querer ejercer.
Sheinbaum decidió responderle agradecida (en un chacaleo, ni siquiera en su cuenta de X), tuvo que decir que le “dio mucho gusto verlo” y que “ese apoyo sí se ve”. Tuvo que hacer el performance de la gratitud porque rechazar públicamente el “apoyo” de AMLO sería un suicidio político. Pero eso no es apoyo entre iguales. Eso es un expresidente queriendo recordarle a la Presidenta en funciones que él se considera aún como el patriarca del movimiento. López Obrador descartó hacer una gira: “No puedo presentarlo en las plazas públicas. Ya me retiré”. Traducción: “Podría llenar plazas públicas si quisiera, pero miren qué generoso soy que no lo hago”. El performance de la humildad como ejercicio de poder. Es recordarle a Sheinbaum que él simplemente decide no hacerlo “por benevolencia”. Si López Obrador realmente creyera en la igualdad que su gobierno supuestamente construyó, haría lo que hacen los líderes que genuinamente creen en sus sucesoras: desaparecer. Dejar que la Presidenta con 70% de aprobación gobierne sin tener que estar pendiente de qué piensa él. Porque cada vez que AMLO habla lo que está diciendo es: “Yo aquí sigo”. Y no hay que ser un genio político para entender que con eso pretende restarle autoridad a ella.
Sheinbaum respondió que “afortunadamente no estamos en ninguna de las tres circunstancias que planteó”. Es una forma elegante de decir: gracias, pero no gracias; no necesito que me rescates. En un país donde las mujeres realmente pudieran gobernar sin tutela, una Presidenta con 70% de aprobación no tendría que estar respondiendo sobre en qué circunstancias su antecesor consideraría apropiado volver para “defenderla”. Es la historia de siempre: el hombre que dice “no quiero protagonismo”, mientras ocupa todo el espacio disponible. Y probablemente (o seguramente) López Obrador ni siquiera ve la contradicción. Probablemente cree genuinamente que está siendo generoso, cuando en realidad está ejerciendo poder de una forma narcisista.
La sombra más grande que le puede hacer a una Presidenta con 70% de aprobación es precisamente la de decir públicamente que no quiere hacerle sombra. Porque con esa declaración lo que está diciendo es: “Yo podría hacerte sombra si quisiera, pero mira qué bueno soy que no lo hago”. Y ésa es exactamente la definición del que quiere hacer sombra…
ADDENDUM
Reaparecer cuando nadie te lo pide, reaparecer cuando tienes miedo, reaparecer cuando el silencio ajeno ha nutrido el mito del poder inagotable. Al final, AMLO —en tantos momentos, y éste uno más— se comporta tan similar al que él mismo definió como su némesis hace 30 años. Pero, al final, Carlos Salinas de Gortari, al menos, sí gozaba de una sutileza y una sofisticación intelectual que en Palenque brillan por su ausencia…
