La polarización que nos enferma
Ya he escrito antes sobre este fenómeno, pero no quiero dejar de insistir en que debemos buscar, de manera urgente, la forma de disminuir los niveles de confrontación política y social, por los costos ocultos que ésta trae consigo. En un mundo cada vez más dividido, ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Ya he escrito antes sobre este fenómeno, pero no quiero dejar de insistir en que debemos buscar, de manera urgente, la forma de disminuir los niveles de confrontación política y social, por los costos ocultos que ésta trae consigo. En un mundo cada vez más dividido, donde las líneas políticas y sociales se dibujan con trazos cada vez más gruesos y oscuros, emerge una verdad incómoda: la polarización; no sólo desgarra el tejido social, sino también mina la salud mental y física. Lo que comenzó como un fenómeno político se ha infiltrado en nuestras vidas cotidianas, afectando el bienestar individual y colectivo.
El estrés crónico de la discordia. La constante exposición a narrativas polarizantes y conflictos ideológicos genera un estado de estrés crónico. No es pasajero, se instala en el día a día, manifestándose con síntomas físicos y psicológicos.
En Estados Unidos, tras las elecciones de 2016, se reportó un aumento de los casos de ansiedad y depresión, especialmente entre jóvenes adultos. Un estudio de la American Psychological Association encontró que 57% de los estadunidenses sentía que el clima político era una fuente de estrés.
La ruptura de lazos familiares y sociales, que antes parecían inquebrantables, es una de las consecuencias más incomprensibles y dolorosas. En Brasil, durante y después de las elecciones de 2018, se reportaron numerosos casos de familias divididas y amistades rotas debido a diferencias políticas. Un estudio de la Universidad de São Paulo reveló que 37% de los encuestados cortó relaciones con amigos o familiares debido a desacuerdos políticos. Le prometo que usted que me lee, independientemente de su postura política, también ha visto afectados algunos lazos afectivos por el estar en desacuerdo con alguien.
Lo que vemos es el doloroso y peligroso deterioro de la empatía y la compasión. A medida que nos atrincheramos en nuestras posiciones, la capacidad de empatizar con “el otro” se ve disminuida. El deterioro de la empatía afecta las relaciones interpersonales y puede tener consecuencias en la salud mental. En España, durante la crisis catalana de 2017 hubo un aumento de ansiedad y depresión en ambos lados del conflicto. Psicólogos reportaron un incremento de pacientes con sentimientos de alienación y desconexión de sus comunidades.
Y eso no es lo peor, se ha desarrollado un nuevo nivel de paranoia y desconfianza generalizada. La polarización fomenta una cultura de desconfianza que puede llevar a estados paranoides. Cuando se nos dice que “el otro bando” es una amenaza, el cerebro entra en un estado de alerta permanente. México es un doloroso ejemplo: durante las elecciones de 2018, se registró un aumento de casos de insomnio y trastornos de ansiedad. Un estudio del Instituto Nacional de Psiquiatría encontró que 42% de los encuestados reportaba sentimientos de desconfianza hacia personas con opiniones políticas diferentes.
Ello nos va llevando a todas, todos, todes a un estado de agotamiento cognitivo y emocional. La constante exposición a información polarizante, especialmente en redes sociales, puede derivar en un estado de agotamiento cognitivo y emocional conocido como “fatiga de compasión” o “burnout político”.
En Reino Unido, por el Brexit, aumentaron los casos de “fatiga del Brexit”. Un estudio de la Universidad de Manchester encontró que 64% de los encuestados reportó sentirse emocionalmente agotado por las noticias y debates sobre el tema.
¿Y cuál es el impacto de los conflictos? El estrés y la ansiedad generados por la polarización pueden manifestarse en síntomas físicos, un fenómeno conocido como somatización. Con las protestas sociales de 2019-2020 en Chile, subieron los trastornos gastrointestinales, dolores de cabeza crónicos y problemas de sueño; un estudio correlacionó directamente la participación en el conflicto y la aparición de los síntomas.
Para eso sirven los datos concretos y los estudios científicos. Es urgente encontrar caminos para la reconciliación. Los efectos de la polarización en la salud mental y física son profundos y alarmantes. Es una crisis de salud pública que requiere atención urgente. La solución no es simple, pero comienza con el reconocimiento de que la polarización está enfermándonos.
Líderes políticos, medios de comunicación y cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de bajar el tono del discurso, buscar puntos en común y recordar nuestra humanidad compartida. Sólo así podremos comenzar a sanar.