La piedrota en el zapato

El intento de una parte de Morena por ratificar a Rosario Piedra al frente de la CNDH es más que un simple error político; es un movimiento que revela las fracturas internas, los cálculos estratégicos y los temores institucionales que subyacen en el partido gobernante ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

El intento de una parte de Morena por ratificar a Rosario Piedra al frente de la CNDH es más que un simple error político; es un movimiento que revela las fracturas internas, los cálculos estratégicos y los temores institucionales que subyacen en el partido gobernante durante esta transición de poder.

La gestión de Piedra al frente de la CNDH ha sido controversial. Durante su periodo, la institución ha sido criticada por su aparente pérdida de autonomía, su silencio ante casos emblemáticos de violaciones a derechos humanos y su alineamiento con las posturas del Ejecutivo. El intento de ratificarla parece desafiar toda lógica política, especialmente en un momento de transición donde Morena podría aprovechar para hacer ajustes institucionales sin mayor costo político.

¿Qué hay detrás de esta decisión aparentemente incomprensible y contraproducente? La primera hipótesis: las divisiones internas en Morena son más profundas de lo que aparentan. El movimiento para ratificar a Piedra podría ser una demostración de fuerza de ciertos grupos dentro del partido, un mensaje interno sobre quién mantiene el control de las decisiones clave en el Congreso.

La segunda explicación es más preocupante: existen expedientes, particularmente relacionados con operativos militares y de seguridad, que preferirían mantener bajo llave. La CNDH de Piedra ha mostrado una notable deferencia hacia las FA, incluso cuando su participación en la vida pública se ha expandido de manera sin precedentes. Mantenerla en el cargo podría ser una forma de asegurar que ciertos temas permanezcan fuera del escrutinio público.

Una tercera lectura nme haría pensar que la única razón para conservar a Piedra sería porque está siendo posicionada como un chamuscado pararrayos institucional. En tiempos de crisis o crítica, tener una figura que concentre la negatividad y la indignación de la opinión pública puede ser útil para proteger a otros actores políticos más importantes. La pregunta es: ¿qué anticipan que sería necesario tener un pararrayos?

Las señales de alarma son varias. Durante la gestión de Piedra, la CNDH ha emitido muchísimas menos recomendaciones que en periodos anteriores, a pesar de que los índices de violencia y las denuncias por violaciones a los DH no han disminuido. La institución ha guardado un silencio notable ante casos emblemáticos, especialmente aquellos que involucran a las FA o a funcionarios cercanos al gobierno.

La autonomía de la CNDH parece haberse diluido en favor de una alineación con el poder central. Este debilitamiento institucional ocurre cuando México enfrenta desafíos cruciales en materia de DH: la militarización creciente, la crisis de personas desaparecidas, la violencia contra periodistas, mujeres, personas trans y con discapacidades, así como la persistencia de la tortura como práctica institucional.

Las consecuencias de esta decisión podrían ser de largo alcance. Una CNDH débil o complaciente no sólo afecta su capacidad para defender los DH en el presente, sino que establece precedentes peligrosos para el futuro. El mensaje que envía Morena con este movimiento es preocupante. Sugiere una preferencia por las lealtades cruzadas por el control político sobre la autonomía institucional, y por la conveniencia política sobre la defensa efectiva de los derechos humanos.

La ironía es que este intento de mantener el control podría terminar debilitando tanto a Morena como a la CNDH. El partido arriesga capital político en un momento crítico de transición, mientras que la Comisión ve erosionada su credibilidad y legitimidad justo cuando más se necesita una voz fuerte e independiente en defensa de los DH.

¿Vale la pena el costo político y social de esta decisión? Si las divisiones internas en Morena son reales, ¿no sería el momento para hacer un cambio que podría fortalecer tanto a la Presidenta como a su  partido, pero también a la institución más simbólica de defensa a los DDHH?

El intento de ratificar a Piedra parece ser un error, sí, pero un error calculado. El problema es que los cálculos políticos rara vez coinciden con el interés público cuando se trata de DH. Y en este caso, México podría terminar pagando un precio muy alto. Y así como su madre, doña Rosario Ibarra de Piedra fue una luz en el camino de la izquierda mexicana, la hija, Rosario Piedra, parece destinada a convertirse en la peor piedra en el zapato no solo de la izquierda y sus luchas, sino del país y uno de sus pendientes más desgarradores.

Temas: