La estridencia
No sólo en Argentina. En todas las demás también. En las recientes elecciones en América Latina hemos sido testigos de una preocupante tendencia: la estridencia y el extremismo se han convertido en claves dominantes de las campañas políticas, amenazando con ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
No sólo en Argentina. En todas las demás también. En las recientes elecciones en América Latina hemos sido testigos de una preocupante tendencia: la estridencia y el extremismo se han convertido en claves dominantes de las campañas políticas, amenazando con convertirse en los únicos criterios para el éxito electoral. Esta polarización extrema presenta un peligro real, ya que puede obstaculizar la recuperación económica, la paz social, la atención de urgencias globales y obstaculizar el despliegue de planes sensatos de gobierno.
En lugar de centrarse en propuestas concretas y en la construcción de consensos, la mayoría de los candidatos recurren a discursos incendiarios y divisionistas para movilizar a sus bases. Esta dinámica conlleva el riesgo de que la polarización se convierta en la única “cancha” en la que se juega la política, dejando de lado las necesidades reales de la sociedad y socavando la posibilidad de encontrar soluciones pragmáticas a los desafíos que enfrenta la región.
La polarización como estrategia política representa un peligro para la estabilidad y el desarrollo de América Latina. En lugar de promover el diálogo y la colaboración entre diferentes sectores de la sociedad, la estridencia y el extremismo generan divisiones que pueden tener consecuencias nefastas para la gobernabilidad y el bienestar de la población. Y, lamentablemente divisiones que, como en el caso argentino pueden instalarse durante generaciones, intoxicando profundamente la convivencia social en todos sus niveles.
Además, la búsqueda de soluciones eficientes y creativas se ve obstaculizada cuando la retórica polarizante domina el escenario político. Los planes de gobierno fundamentados en el análisis detallado de las necesidades reales de la población y en propuestas concretas para abordarlos se ven opacados por discursos simplistas que alimentan la confrontación y el antagonismo entre distintos grupos sociales.
La recuperación económica, en particular, requiere de un ambiente propicio para la inversión, la creación de empleo y el desarrollo sostenible. La polarización extrema, sin embargo, puede ahuyentar a los inversionistas y generar incertidumbre en los mercados, dificultando así la reactivación económica y la generación de oportunidades para todos los ciudadanos.
Es fundamental que, como sociedad, rechacemos la polarización como única forma de ejercicio político y exijamos a nuestros líderes un enfoque basado en el diálogo, la colaboración y la búsqueda de consensos. Los desafíos que enfrenta América Latina son complejos y requieren soluciones a la altura de las circunstancias, así como líderes dispuestos a trabajar en pos del futuro de nuestros países y no sólo de sus partidos.
Es tiempo de que los ciudadanos demanden a los líderes políticos propuestas sustentadas en datos y análisis, que aborden de manera integral los problemas que aquejan a la región. La estridencia y el extremismo no pueden ni deben convertirse en las únicas monedas de cambio en la arena política. Es imperativo que los candidatos y gobernantes promuevan el debate informado y constructivo.
Debemos recordar que la política no se trata sólo de ganar elecciones, sino también de ofrecer respuestas efectivas a los desafíos que enfrenta la sociedad. Y hoy día, la lista de desafíos que ofrece la realidad parece infinita (cambio climático, migración, violencia, pobreza extrema, narcotráfico, trata de personas, lavado de dinero, y un etcétera sinfín), como para que solamente los ocupen acusaciones rancias y muchas veces rabiosas que no tienen más impacto que el del performance electorero. Sólo a través del diálogo, la colaboración y el compromiso genuino con el bienestar de todos los ciudadanos, pero también de nuestra exigencia, será posible superar la polarización y construir un futuro en el que el desarrollo sostenible sea una realidad palpable para todos.
Es responsabilidad de todos los actores de la sociedad, incluyendo a los medios de comunicación, la sociedad civil y los líderes políticos, trabajar en la construcción de un ambiente propicio para el debate fundamentado y la toma de decisiones informadas. Sólo de esta manera podremos superar la estridencia y el extremismo como claves únicas de las campañas políticas y avanzar hacia un futuro en el que prime la sensatez y el bienestar de todos los ciudadanos.