Horriblemente asqueroso de malo

Hay momentos en la historia que no merecen pasar desapercibidos. Lo que dijo Paco Ignacio Taibo II en la mañanera de ayer es uno de esos momentos. Durante la presentación de la Colección 25 para el 25, cuando fue cuestionado sobre la escasa presencia de autoras en su ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Hay momentos en la historia que no merecen pasar desapercibidos. Lo que dijo Paco Ignacio Taibo II en la mañanera de ayer es uno de esos momentos.

Durante la presentación de la Colección 25 para el 25, cuando fue cuestionado sobre la escasa presencia de autoras en su selección de libros, el director del Fondo de Cultura Económica respondió así: “Tienes que inventar un poco qué es lo que hay por ahí, que tenga calidad, ¿no? Porque si partimos de la cuota, dices, bueno, un poemario escrito por una mujer horriblemente asqueroso de malo, por el hecho de ser escrito por una mujer, no merece que se lo mandemos a una sala comunitaria en mitad de Guanajuato”.

Leámoslo otra vez. Más despacio. “Un poemario escrito por una mujer horriblemente asqueroso de malo.” ¿Qué clase de gimnasia mental se necesita para asumir que incluir mujeres en una colección literaria significa rebajar la calidad? ¿Qué nivel de sesgo se requiere para creer que hay que “inventar” qué escritoras tienen calidad suficiente? Yo sé que se refería al imaginado poemario, pero ¿quiénes somos —Taibo o yo—, para juzgar a la buena o la “asquerosa” poesía?

Lo que vino después fue una clase magistral de liderazgo. La presidenta Claudia Sheinbaum “compuso” la terrible declaración de Taibo con una elegancia que merece estudiarse. Mientras Taibo se hundía en su propio charco, Sheinbaum anunció que se hará una colección de autoras. No levantó la voz. No tuvo que hacerlo, sólo corrigió el rumbo.

Hablemos de datos concretos, porque la discriminación contra las mujeres escritoras no es una percepción. Es una realidad documentada. Desde su creación en 1901, el Premio Nobel de Literatura ha sido otorgado a 112 hombres y sólo a 16 mujeres. El Premio Cervantes ha galardonado desde 1976 a 41 hombres frente a sólo cuatro mujeres. En España, en 2021, sólo 27.1% de los títulos registrados fueron de autoras, frente a 44.3% de autores. Un análisis de los principales suplementos culturales españoles entre 2010 y 2021 reveló que sólo 25.3% de los libros recomendados fueron escritos por mujeres. En algunos catálogos editoriales, apenas 5% corresponde a autoras.

La historia literaria está plagada de mujeres que no sólo fueron tan brillantes como sus contemporáneos masculinos, sino que en muchos casos los superaron. Mary Ann Evans tuvo que convertirse en “George Eliot” para que su obra fuera tomada en serio y se convirtió en una de las escritoras más influyentes del siglo XIX. Las hermanas Brontë publicaron bajo nombres masculinos porque ningún editor se atrevía a publicar a mujeres. Cumbres borrascosas es hoy comparable a Shakespeare, pero en su momento fue menospreciada. Mary Shelley escribió Frankenstein a los 18 años. Jane Austen revolucionó la novela inglesa. Virginia Woolf transformó la literatura del siglo XX. Gabriela Mistral fue la primera latinoamericana —incluyendo hombres— en ganar un Nobel de Literatura. La lista es interminable. Y sin embargo, el prejuicio persiste.

México está viviendo un momento histórico. Por primera vez, una mujer ocupa la Presidencia. No por una cuota. Sino porque tiene la preparación, la visión y la capacidad. Y resulta que el mismo gobierno liderado por esta mujer tiene funcionarios que aún no entienden que no entienden en qué tiempo les tocó vivir. Funcionarios que siguen creyendo que incluir mujeres significa rebajar estándares.

Alguien necesita recordarle a Taibo que estamos en tiempo de mujeres. No porque sea un eslogan bonito, sino porque las mujeres siempre hemos estado aquí, escribiendo obras maestras, aunque hayan tenido que hacerlo desde las sombras o sin recibir el reconocimiento que merecían. ¿Sabrá Taibo, por ejemplo, que la primera novela en la historia de la literatura (La Historia de Genji) la escribió una mujer japonesa, Murasaki Shikibu hace 1025 años?

No darse cuenta de todo esto cuando diriges el Fondo de Cultura Económica del gobierno encabezado por la primera Presidenta de México no es sólo un error de juicio. Es un error de juicio —y de composición intelectual— horriblemente asqueroso de malo.

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