¿Fractura en MAGA?
Durante años, el expediente Epstein ha sido un emblema de teorías conspirativas: nombres de figuras poderosas, clientelismo político y la sombra de una red de tráfico sexual de menores. Líderes de opinión, influencers y hasta funcionarios cercanos a Trump han alimentado la exigencia de transparencia total.
La coalición MAGA, uno de los movimientos más leales y ruidosos en la política estadunidense reciente, enfrenta su grieta más profunda en años. La exigencia —casi obsesiva— de que la administración Trump libere todos los expedientes del caso Jeffrey Epstein ha expuesto la tensión entre la base que catapultó a Trump al poder y el propio presidente, quien ahora busca cerrarle la puerta definitivamente a ese tema.
Durante años, el expediente Epstein ha sido un emblema de teorías conspirativas: nombres de figuras poderosas, clientelismo político y la sombra de una red de tráfico sexual de menores. Líderes de opinión, influencers y hasta funcionarios cercanos a Trump han alimentado la exigencia de transparencia total. La presión aumentó después de que el Departamento de Justicia publicara un informe concluyendo que Epstein se suicidó y negó la existencia de una supuesta “lista de clientes” secreta, lo que, para muchos en el universo MAGA, significó un nuevo encubrimiento.
La respuesta de Trump ha sido tan inesperada como contundente. En redes sociales y declaraciones públicas, el presidente descalificó duramente a quienes siguen demandando la apertura total de expedientes, tildando el caso de “pura pendejada”, “hoax”, “estafa” y “basura demócrata”. Incluso fue más lejos: “Que sigan esos débiles haciendo el trabajo de los demócratas; yo no quiero su apoyo”, arremetió, distanciándose abiertamente de su base más conspirativa y marcando un antes y un después en su relación con MAGA.
Lo que antes era un frente unificado, hoy es terreno de batalla. Altavoces habituales del trumpismo como Steve Bannon, Dan Bongino y Matt Walsh no han dejado pasar la oportunidad de acusar una “traición” y exigir a la fiscal general Pam Bondi la liberación de todo el archivo. Incluso, el presidente de la Cámara, Mike Johnson —aliado de Trump—, se vio obligado a romper filas y apoyar públicamente la demanda de transparencia total desde el Congreso. Simultáneamente, demócratas aprovecharon la fisura para presionar votos y alimentar la narrativa de opacidad republicana.
El trasfondo de esta ruptura no es trivial: para una parte del movimiento MAGA, la promesa de “drenar el pantano” y desmontar las redes de poder oculto era uno de los ejes de apoyo a Trump. Ahora, una base que se siente traicionada exige resultados, mientras que Trump intenta sofocar el tema convencido de que sólo alimenta la narrativa de sus enemigos y lo distrae de sus propios logros políticos.
Lo que queda es un movimiento en redefinición: una parte de MAGA exige coherencia y transparencia —aunque signifique confrontar a su otrora líder—, mientras Trump apuesta a que su carisma y logros basten para sobrevivir a cualquier fuga de simpatías. El caso Epstein, convertido en bandera de rebeldía interna, podría ser el punto de quiebre definitivo: un aviso de que ni siquiera en el corazón del populismo trumpista hay lealtad incondicional y que las verdades incómodas, aunque sean “pendejadas” según Trump, ya no se pueden meter bajo la alfombra.
