¿Fentanilo casero?

En un reciente reportaje publicado por el New York Times, dos periodistas Natalie Kitroeff y Paulina Villegas afirmaron haber presenciado la fabricación de fentanilo en una supuesta “cocina casera” en Culiacán, sin las medidas de protección necesarias y con equipo ...

En un reciente reportaje publicado por el New York Times, dos periodistas (Natalie Kitroeff y Paulina Villegas) afirmaron haber presenciado la fabricación de fentanilo en una supuesta “cocina casera” en Culiacán, sin las medidas de protección necesarias y con equipo rudimentario. Y aunque ya existían reportajes similares, como el presentado por mi querida colega Denise Maerker en su programa En Punto, en agosto de 2022, este reportaje de NYT generó una ola de reacciones, tanto en medios como entre expertos y autoridades, quienes rápidamente cuestionaron la veracidad de lo mostrado. Pero, ¿es realmente posible sintetizar una droga tan potente y peligrosa en condiciones tan precarias? La respuesta no parece sencilla.

El fentanilo es un opioide sintético extremadamente potente, hasta 50 veces más fuerte que la heroína y 100 veces más que la morfina. Su producción no es algo que se pueda realizar de manera improvisada o sin conocimientos especializados. La síntesis de esta sustancia requiere precursores químicos específicos, un control preciso de las reacciones químicas y equipo especializado para garantizar que el proceso sea seguro y efectivo.

Alejandro Svarch Pérez, director del IMSS Bienestar, fue enfático al señalar que la fabricación de fentanilo no puede realizarse en condiciones rudimentarias. Según explicó, los vapores tóxicos generados durante su síntesis son altamente peligrosos; una exposición mínima podría ser letal en cuestión de segundos si no se cuenta con el equipo de protección adecuado, como trajes herméticos y sistemas avanzados de ventilación. Esto haría prácticamente inviable que alguien pueda producir esta droga en una cocina casera sin poner en riesgo su vida.

Tras la publicación del artículo, las autoridades mexicanas realizaron investigaciones para verificar las afirmaciones hechas por las reporteras. La Secretaría de Marina (Semar) revisó las imágenes y descripciones del supuesto laboratorio mostrado en el reportaje y concluyó que los elementos presentados no correspondían a un laboratorio funcional para la síntesis de fentanilo. De hecho, señalaron que el equipo mostrado carecía de los instrumentos básicos necesarios para llevar a cabo procesos químicos complejos.

Además, expertos químicos han señalado que incluso si alguien intentara fabricar fentanilo en condiciones tan precarias como las descritas en el reportaje, el resultado sería probablemente un producto ineficaz o contaminado, lo cual también representaría un grave riesgo para quienes lo consuman.

Más allá de los aspectos técnicos, este tipo de reportajes pueden ser problemáticos, porque simplifican una problemática compleja y contribuyen a perpetuar estereotipos. La crisis del fentanilo es un tema absolutamente serio que involucra redes internacionales de tráfico, laboratorios clandestinos altamente sofisticados y el uso ilícito de precursores químicos importados. Reducir esta realidad a la imagen de “cocinas caseras” puede desinformar al público y desviar la atención de los verdaderos desafíos relacionados con su producción y distribución.

La idea de fabricar fentanilo en una cocina casera es poco realista y peligrosa. No sólo subestima la complejidad técnica del proceso, sino que también ignora los riesgos mortales asociados con su síntesis sin las medidas adecuadas. Y aunque es un hecho que en México existen este tipo de narcococinas, también lo es que no se puede concluir que el artículo del NYT, aunque realizado con rigor periodístico, no haya tratado de la presentación de una cocina casera de fentanilo, sino de algún laboratorio intermedio de metanfetamina, o una simple dramatización (montaje explicativo) sobre el proceso de fabricación de fentanilo, sin los peligros ni tóxicos precursores del proceso. 

En este contexto, resulta crucial abordar la crisis del fentanilo desde una perspectiva informada y responsable, evitando caer en narrativas simplistas que puedan distorsionar la realidad. Ni el NYT puede probar que fuera fentanilo ni el gobierno mexicano que no lo fuera. Así pues, como sociedad, debemos exigir rigor tanto a los medios como a las autoridades para enfrentar con seriedad y precisión este problema que está destruyendo individuos y agregados sociales y comprometiendo la relación bilateral entre México y EU. 

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