Ese cambio que no cambiará pronto

El cambio climático no es un fenómeno lejano o un concepto abstracto, sino una realidad que golpea con fuerza nuestras costas, ciudades y vidas. Los recientes huracanes Otis, John, Helene y Milton han dejado cicatrices profundas, recordándonos que la emergencia ...

El cambio climático no es un fenómeno lejano o un concepto abstracto, sino una realidad que golpea con fuerza nuestras costas, ciudades y vidas. Los recientes huracanes Otis, John, Helene y Milton han dejado cicatrices profundas, recordándonos que la emergencia climática no sólo persiste, sino que se intensifica. En lugar de esperar que estos eventos sean anomalías aisladas, debemos aceptar que son parte de un patrón más frecuente y severo. Si no adoptamos medidas inmediatas, nos enfrentaremos a un futuro marcado por tragedias.

El incremento en la frecuencia e intensidad de los huracanes es un síntoma claro del calentamiento global. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), la temperatura promedio de los océanos ha alcanzado niveles récord en 2024, superando los 21°C por primera vez en la historia. Esto ha aumentado la energía de las tormentas tropicales, alimentando su crecimiento rápido y devastador. El último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) indica que la probabilidad de huracanes de categoría 4 o 5 ha crecido 30% desde la década de 1980 debido al incremento de las temperaturas del mar y de la atmósfera.

Otis y John, por ejemplo, golpearon las costas mexicanas con fuerza devastadora. En Acapulco, Otis dejó más de 15 mil damnificados y dañó severamente la infraestructura turística y de servicios. John causó inundaciones significativas en Veracruz, afectando a 4 mil hogares y dejó a miles de personas sin acceso al agua potable. Helene y Milton han devastado otras regiones del Caribe y el Atlántico, desplazando a miles de personas y exacerbando pobreza y desigualdad.

Ante la magnitud de estos eventos, la respuesta de gobiernos y empresas ha sido desigual e insuficiente. La ayuda de emergencia llega tarde o no llega, y cuando lo hace, apenas es un parche para un problema estructural. El patrón se repite: se activan recursos ante la crisis, pero no se invierte en medidas de prevención efectivas. Si bien la presidenta Claudia Sheinbaum se movilizó rápidamente para atender la emergencia en Acapulco, la realidad es que estos esfuerzos son insuficientes para enfrentar una crisis climática que exige soluciones de largo plazo.

La Cepal estima que para América Latina y el Caribe el costo anual de los desastres naturales relacionados con el cambio climático podría superar los 100 mil millones de dólares para 2050 de no adoptar medidas urgentes. La inversión en infraestructura resiliente y la transición hacia energías renovables sigue siendo marginal y los subsidios a los combustibles fósiles persisten.

Frente a esta realidad inescapable, es urgente una acción coordinada y multidimensional que involucre a gobiernos, empresas y ciudadanos. A continuación algunas medidas clave:

Inversión en infraestructura resiliente: La infraestructura crítica, como carreteras, hospitales y sistemas de suministro de agua, debe ser reforzada  y los gobiernos deben asignar un mayor presupuesto a la construcción de defensas costeras y mejorar los sistemas de drenaje para evitar inundaciones.

Reducción de emisiones de gases de efecto invernadero: Todos los países, especialmente los mayores emisores, deben cumplir los compromisos del Acuerdo de París y adoptar objetivos más ambiciosos para reducir las emisiones.

Protección de los ecosistemas naturales: Manglares y arrecifes de coral, barreras naturales contra los huracanes, han sido degradados o destruidos, por ello es urgente implementar políticas de conservación y restauración.

Sistemas de alerta temprana: Deben ser mejorados para informar precisa y oportunamente a las comunidades vulnerables.

Educación y conciencia pública: La ciudadanía debe ser informada sobre los riesgos asociados con el cambio climático y las formas en que pueden contribuir a mitigar sus efectos.

Debemos ser conscientes de que, incluso con todas estas medidas, el cambio climático no será revertido de la noche a la mañana. Las acciones pasadas seguirán manifestándose durante décadas. Debemos prepararnos y minimizar su impacto en nuestras sociedades. El cambio climático no es un problema del futuro. Es una crisis presente y creciente que exige respuesta inmediata y coordinada. Si no adoptamos una actitud proactiva y nos limitamos a reaccionar ante las catástrofes, seguiremos en un ciclo de destrucción y reconstrucción. El cambio climático llegó para quedarse y debemos actuar urgentemente.

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