Ya empezó

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Definitivamente ya empezó. Marx Arriaga desalojado de la SEP con policías mientras se niega a salir de su oficina, retando a que lo esposen “por el crimen de hacer los libros de texto gratuitos”. Un funcionario que en diciembre llamó a crear “comités obradoristas” contra su propio jefe, Mario Delgado, acusándolo de privatizar la educación. Y la SEP responde con lenguaje burocrático: “diligencia administrativa”, “cambio de naturaleza de plaza”. Nada de drama. Solo tecnicismos.

Es la misma Sheinbaum que enfrentó a Trump. Cabeza fría, movimientos calculados, lenguaje técnico donde otros harían espectáculo. Y ahora aplica el mismo método al obradorismo duro.

Ayer salió Ni venganza ni perdón, el libro de Julio Scherer Ibarra. Lo explosivo: Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de asesores de Sheinbaum, habría acercado a Sergio CarmonaEl Rey del Huachicol— a Andrés Manuel López Obrador y Mario Delgado para financiar ilegalmente campañas de Morena. Su nombre aparece en cortes de Nueva York y Texas vinculado a investigaciones por lavado de dinero.

El contexto: Monreal advierte “ruptura” rumbo a 2027. Adán Augusto dejó la coordinación del Senado. Noroña compró una propiedad de 12 millones mientras predica austeridad. El libro confirma que Morena se construyó sobre lealtades personales, no institucionalidad. Y Sheinbaum no está administrando el conflicto. Está ejecutando una limpieza quirúrgica.

Arriaga era el guardián ideológico del proyecto educativo de López Obrador. Cuando llamó a crear “comités” contra Delgado, acusaba traición al legado. Sheinbaum esperó, documentó, y lo sacó sin espectáculo. Arriaga quiso su momento dramático, pero ella no le dio el honor del conflicto. Sólo la puerta. Exactamente como con Trump: no morder el anzuelo, mantener lenguaje institucional mientras ejecuta la decisión.

El patrón está claro. Y Ramírez Cuevas es el siguiente. No es casualidad que el libro salga cuando Arriaga es desalojado. Primero el ideólogo visible, luego el operador señalado en cortes estadunidenses. La fórmula será idéntica: lenguaje burocrático, cero drama. No necesita crear mártires. Sólo espacio para gobernar.

El mensaje: lealtad a López Obrador no garantiza permanencia. Quien se rebele abiertamente, sale. Remover al guardián del proyecto educativo que Andrés Manuel defendió personalmente es ruptura simbólica. Si lo hizo sin consultar —y todo indica que sí— establece que “agradecer el legado no significa repetir cada decisión”. Como con Trump: mantiene lo estratégico, descarta lo insostenible.

La carta de mayo sobre viajes de lujo fue el primer aviso. Arriaga salió por crear conflicto. Noroña está siendo documentado. Ahora vienen las sanciones. Eliminar plurinominales elimina refugios para dinosaurios. Arriaga nunca ganaría una elección. Ramírez Cuevas tampoco.

La decisión de fondo ya la tomó: profesionalizar a Morena sacrificando pesos pesados del obradorismo duro. El desalojo de Arriaga el día después del libro no es reacción, sino ejecución de calendario. Probablemente llevan semanas preparando el expediente administrativo.

Sheinbaum no administra el conflicto. Ejecuta una estrategia: remover sin espectáculo, lenguaje técnico, cero confrontación pública. Arriaga hoy, Ramírez Cuevas mañana, otros después. Todo con la misma cara de póker que usó cuando Trump amenazaba con aranceles.

Lo que haga con Ramírez Cuevas confirmará si esto es limpieza puntual o reestructuración total. Por ahora, la apuesta es clara: la misma mujer que le dijo “no” a Trump sin levantar la voz le está diciendo “no” al obradorismo duro sin hacer escándalo. Cabeza fría, mano firme, lenguaje institucional. Cero drama, máxima efectividad.

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