El Toro: una inspiración que transformó a México

La noticia de que Fernando El Toro Valenzuela ha muerto es un recordatorio perfecto para reflexionar sobre el impacto transformador que él y otros deportistas de su generación tuvieron en el imaginario mexicano. En los años 80, cuando El Toro Valenzuela desataba la ...

La noticia de que Fernando El Toro Valenzuela ha muerto es un recordatorio perfecto para reflexionar sobre el impacto transformador que él y otros deportistas de su generación tuvieron en el imaginario mexicano. En los años 80, cuando El Toro Valenzuela desataba la Fernandomanía en Los Ángeles, cuando Hugo Sánchez brillaba en el Real Madrid y Julio César Chávez dominaba todos los rings, estos atletas hicieron algo más que ganar títulos: sembraron la semilla del “sí se puede” en el corazón de millones de mexicanos.

Estos tres gigantes deportivos demostraron que un mexicano podía no sólo competir en las grandes ligas internacionales, sino dominarlas. El zurdo de Etchohuaquila llevando a los Dodgers a la gloria, Hugol conquistando el Pichichi en España y JC Chávez manteniendo un récord invicto por años, no eran sólo triunfos deportivos: eran manifestaciones tangibles de que la excelencia mexicana podía brillar a nivel mundial.

Esta primera ola de éxito internacional sembró una semilla de aspiración que germinaría en las décadas siguientes. En el deporte vimos surgir a una nueva generación de estrellas: El Chicharito continuando el legado futbolístico; los clavadistas Fernando Platas y Rommel Pacheco desafiando la hegemonía china; María del Rosario Espinoza dominando el taekwondo mundial; Ana Gabriela Guevara (antes de su controversial gestión en la Conade) y María José Alcalá rompiendo barreras en sus respectivas disciplinas.

Pero el impacto fue más allá del deporte. Como una reacción en cadena, el éxito en un ámbito inspiró la búsqueda de la excelencia en otros. En el cine, la generación de los “tres amigos” —Cuarón, González Iñárritu y Del Toro— conquistó Hollywood. Sus óscares no son sólo premios: son testimonios de que el talento mexicano puede alcanzar las más altas cumbres. En la actuación, Salma Hayek abrió camino para una nueva generación de artistas, seguida por Gael García Bernal y Diego Luna, que demostraron que el talento mexicano puede brillar tanto en producciones nacionales como internacionales. En la danza, Isaac Hernández y Elisa Carrillo han llevado el arte mexicano a los escenarios más prestigiosos del mundo.

La gastronomía mexicana también ha encontrado sus embajadores de excelencia. Chefs como Enrique Olvera, Daniela Soto-Innes y Elena Reygadas han elevado nuestra cocina al estatus que merece en el panorama culinario global, demostrando que nuestros sabores y técnicas pueden dialogar de igual a igual con cualquier tradición culinaria del mundo.

Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum afirma que su presidencia inspirará a millones de niñas a perseguir sus sueños, reconoce el poder transformador de los modelos a seguir. Al igual que El Toro Valenzuela inspiró a una generación a creer que podían lanzar en las Grandes Ligas, su presencia en la Presidencia puede inspirar a incontables niñas a visualizarse en posiciones de liderazgo.

La lección que nos dejaron Valenzuela, Sánchez y Chávez es clara: el éxito de uno abre puertas para muchos. Cada mexicano o mexicana que alcanza la excelencia en su campo no sólo logra un triunfo personal, sino que expande el horizonte de lo posible para las generaciones siguientes.

El reto ahora es institucionalizar este impulso. No podemos depender sólo de talentos excepcionales que superen obstáculos contra todo pronóstico. Necesitamos un sistema que identifique, apoye y promueva el talento en todos los ámbitos: desde el deporte hasta las artes, la ciencia, la gastronomía. La próxima generación merece heredar no sólo ejemplos inspiradores, sino también las estructuras y el apoyo necesario para alcanzar sus propios sueños de excelencia. El legado de El Toro Valenzuela y sus contemporáneos nos recuerda que la grandeza es posible. Ahora nos toca construir los caminos para que más mexicanos puedan alcanzarla.

Como nación, debemos aspirar a que las historias de éxito internacional dejen de ser excepciones y se conviertan en la norma. Cada niña que sueña con ser científica, cada joven que aspira a ser artista, cada deportista en ciernes merece saber que su talento y dedicación encontrarán el apoyo necesario para florecer. Ésa sería la verdadera manera de honrar el legado de aquellos que, como El Toro Valenzuela, nos enseñaron que los mexicanos podemos conquistar el mundo.

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