El portazo, la ceguera y la soberbia
La reciente aprobación de la reforma al Poder Judicial es un recordatorio contundente de la inacción y la falta de visión de la oposición en México. Desde febrero pasado, cuando Andrés Manuel López Obrador presentó no sólo esta, sino un paquete de 20 reformas ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
La reciente aprobación de la reforma al Poder Judicial es un recordatorio contundente de la inacción y la falta de visión de la oposición en México. Desde febrero pasado, cuando Andrés Manuel López Obrador presentó no sólo esta, sino un paquete de 20 reformas constitucionales, la advertencia estaba clara: el gobierno tenía una agenda transformadora que no se detendría por consideraciones políticas ni resistencias institucionales. Y, sin embargo, durante meses, los partidos de oposición no hicieron nada más que mirarse el ombligo y jugar a la política interna de sus respectivos frentes.
Mientras el borrador de la reforma circulaba y ganaba terreno, la oposición parecía más interesada en sus campañas electorales. En lugar de informar a la ciudadanía sobre los riesgos de la reforma o de redactar una propuesta alternativa que defendiera la independencia del Poder Judicial, se concentraron en posicionar candidaturas y en negociar y repartir posiciones y espacios de poder.
Uno de los errores más graves de la oposición fue subestimar la capacidad de Morena y sus aliados para ganar la mayoría calificada en ambas Cámaras. Era un escenario que no podía descartarse por completo, pero la oposición se distrajo en sus propias grillas y disputas. Nunca calcularon que una reforma de tal magnitud podría pasar sin mayores obstáculos, y su respuesta final no fue otra que un portazo simbólico en el Senado, un gesto desesperado que llegó demasiado tarde.
En lugar de ofrecer una crítica contundente y de construir puentes con la ciudadanía para denunciar los riesgos de la reforma, se limitaron a reaccionar en redes sociales. La improvisación y la desorganización han sido sus peores enemigos. Mientras tanto, el Presidente avanzó con su agenda, sin contrapesos reales que desafiaran su narrativa. La oposición se ha conformado con ser un espectador más, dejando la cancha abierta para que López Obrador juegue sin resistencia. El portazo no fue sólo una reacción intempestiva; fue el reflejo de una oposición sin rumbo. Se limitaron a hacer ruido, pero no a ofrecer soluciones concretas ni a ganar la narrativa. Se quedó paralizada, pensando que la campaña electoral era la única batalla que importaba.
El Poder Judicial, por su parte, no ha estado a la altura de la amenaza que enfrentaba. Con el borrador de la reforma circulando desde hace meses, los magistrados y jueces debieron haber iniciado un proceso de reflexión interna y de comunicación externa que permitiera entender al público los riesgos de la reforma. En cambio, se mantuvieron en un letargo peligroso, confiando, quizá, en que la inercia y la división en el Congreso jugarían a su favor.
El resultado ha sido un Poder Judicial sin propuestas ni respuestas claras, que prefirió mantenerse en una cómoda zona de denuncia silenciosa, esperando que otros actores asumieran el rol de defensores de su independencia. Hoy enfrentan no sólo una reforma constitucional ya aprobada, sino también la necesidad urgente de trabajar en las leyes secundarias que definirán su futuro. Si algo queda claro tras este proceso es que la autocrítica ha estado ausente tanto en los partidos de oposición como en el Poder Judicial. No supieron anticipar, comunicar y, sobre todo, actuar. Hoy, más que nunca, deben asumir la responsabilidad de sus errores y comenzar a trabajar en propuestas concretas para las leyes secundarias. Ya no hay espacio para más portazos ni para discursos vacíos; se necesita inteligencia y estrategia para limitar el daño y los peligros que sí puede entrañar esa reforma votada en fast track.
¿Serán capaces de hacer este giro o seguirán atrapados en su propia inercia, ceguera y soberbia que sólo los convierte en espectadores de su propio fracaso? Porque si algo nos ha enseñado este episodio es que no basta con oponerse de palabra, hay que anticipare y tener el valor de actuar con visión y coherencia. Morena y sus aliados demostraron que saben jugar el juego del poder. Es momento de que la oposición, el Poder Judicial (y hasta los morenistas que entienden lo que está en juego) se pregunten: ¿qué más necesitan para reaccionar? Porque, mientras sigan en negación, López Obrador continuará ganando una partida que, desde hace tiempo, ha jugado solo.