El nuevo juego triangular

Donald Trump repitió hace apenas unas horas su ya familiar estribillo: “Tengo gran respeto por la presidenta Sheinbaum, es una mujer extraordinaria, muy valiente, pero México está gobernado por los cárteles”. Es una fórmula perfecta de ambigüedad calculada: la ...

Donald Trump repitió hace apenas unas horas su ya familiar estribillo: “Tengo gran respeto por la presidenta Sheinbaum, es una mujer extraordinaria, muy valiente, pero México está gobernado por los cárteles”. Es una fórmula perfecta de ambigüedad calculada: la alabanza personal seguida del menosprecio institucional. Un patrón que revela más sobre la estrategia estadunidense de cara a la revisión del T-MEC en 2026 que sobre la realidad mexicana.

Mientras México baila al ritmo de estas declaraciones contradictorias, Trump acaba de cancelar las negociaciones comerciales con Canadá. El primer ministro canadiense Mark Carney ha establecido como objetivo duplicar las exportaciones fuera de Estados Unidos en la próxima década, declarando que “el proceso de integración económica con Estados Unidos ha llegado a su fin”. Ottawa ha optado por la confrontación digna. México, en cambio, ha elegido la diplomacia de la ambigüedad, resumida en la frase de Sheinbaum: “El presidente Trump tiene una forma de hablar”.

Esta retórica no es casual. Trump confirmó que le ofreció a Sheinbaum el ingreso de tropas estadunidenses a México, asegurando que ella “le tiene tanto miedo a los cárteles que no puede caminar”, mientras la describe como “una mujer encantadora y valiente”. Es la construcción deliberada de un cuento de hadas al revés: México como reino en peligro, Sheinbaum como princesa asediada, Estados Unidos como salvador necesario. Más revelador aún: en agosto, Trump declaró que “México hace lo que nosotros le decimos que haga”.

La pregunta crucial es si estamos ante tácticas de presión temporal o ante el nuevo carácter permanente de las relaciones en Norteamérica. La evidencia apunta a lo segundo. La intención del gobierno de Trump es pactar a nivel trilateral sólo las reglas generales de comercio, mientras el resto se negociaría bilateralmente con base en los intereses de seguridad de Estados Unidos. En el caso de México, los grandes temas son migración, narcotráfico, control territorial de los cárteles y acceso al litio. Ya no estamos en la era del libre comercio trilateral. Estamos en la era del chantaje estratégico sectorial.

México enfrenta una encrucijada más compleja que Canadá. Más de 82% de las exportaciones mexicanas van a Estados Unidos, una dependencia que nos hace infinitamente más vulnerables.

La estrategia de Sheinbaum de “cooperación sí, sumisión nunca” suena bien en la mañanera, pero la ha acompañado de la entrega de 55 capos del narcotráfico, la militarización de la frontera y decomisos masivos de fentanilo. La estrategia de Sheinbaum también desarma a Trump y eso es una fortaleza que nadie le ha disputado a nuestra presidenta. 

La diferencia fundamental entre las estrategias canadiense y mexicana es que Carney ha asumido el costo político de la confrontación, mientras que Sheinbaum busca evitarlo con su doctrina de “Trump tiene su forma de hablar”. Pero Trump solicitó al Congreso en abril que finalice el T-MEC, considerándolo “un desastre”. Los elogios de Trump a Sheinbaum no son halagos: a veces parecen una cuerda con la que espera ahorcar la autonomía mexicana.

El diferendo con Canadá no es un problema para México: es una advertencia. Washington está demostrando que está dispuesto a romper con sus aliados más cercanos si no ceden a sus términos. Es posible que haya una nueva versión del T-MEC, pero diferente: acuerdos bilaterales donde México y Canadá ya no negocian juntos, sino separados y más débiles.

La pregunta no es si Trump cumplirá sus amenazas. La pregunta es cuánto estamos dispuestos a ceder antes de que lo haga. Cada vez que la Presidenta sonríe y dice “el presidente Trump tiene su forma de hablar”, estamos ya contestando esa pregunta sin darnos cuenta. Y lo cierto es que México ha enfrentado a la tormenta Trump, como casi ningún otro país ha podido hacerlo.

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