El Nobel del cinismo
Hay propuestas que desafían la lógica, la moral y hasta la física cuántica. Pero la reciente sugerencia de Benjamin Netanyahu para que Donald Trump reciba el Premio Nobel de la Paz es, sin duda, la obra maestra del sarcasmo diplomático global. Si existiera una ...
Hay propuestas que desafían la lógica, la moral y hasta la física cuántica. Pero la reciente sugerencia de Benjamin Netanyahu para que Donald Trump reciba el Premio Nobel de la Paz es, sin duda, la obra maestra del sarcasmo diplomático global. Si existiera una categoría para el Nobel del cinismo, la competencia estaría cerrada: Netanyahu y Trump, oro y plata, sin desempate posible.
Imaginemos la escena: la Academia Sueca, reunida en solemne asamblea, debatiendo si el hombre que incendió Medio Oriente con su “plan de paz” —ése que consistía en regalarle Jerusalén a Israel como quien reparte dulces en Halloween— merece el mismo galardón que Nelson Mandela o Martin Luther King. La ironía es tan densa que podría cortarse con cuchillo de mantequilla.
La lógica de Netanyahu es impecable, si uno vive en el universo alterno donde las guerras se resuelven a bombazos y los muros son sinónimo de convivencia pacífica. ¿Qué mejor candidato para la paz que el presidente que rompió tratados, impuso sanciones a medio planeta y presumió su “arte de la negociación” mientras amenazaba con “fuego y furia” a sus adversarios? Si el mundo es un reality show, Trump es el productor, el villano y, claro, el héroe incomprendido.
La propuesta es tan seria como un meme viral: Trump, Nobel de la Paz, por haber “logrado acuerdos históricos en Oriente Medio”. Olvidemos que esos acuerdos excluyeron a los palestinos, que la región sigue ardiendo y que la paz, en realidad, es una palabra que sólo aparece en los discursos de premiación. Si la paz es la ausencia de guerra, entonces la lógica Netanyahu-Trump es infalible: basta con redefinir la guerra como “operación especial” y listo, ¡premio asegurado!
Tal vez el comité del Nobel debería considerar nuevas categorías: Premio Nobel a la Mejor Post-Verdad, Nobel a la Diplomacia de Twitter, o el Nobel a la Paz Preventiva (por si acaso algún día llega). En ese caso, Trump no sólo sería candidato, sino pionero. ¿Quién más puede presumir de haber “pacificado” el mundo a fuerza de tuits, sanciones y amenazas de muro?
La nominación, en el fondo, es un monumento al cinismo contemporáneo. Es la consagración de una época donde la ironía supera a la realidad, y donde la paz se mide en trending topics y no en vidas salvadas. Si el Nobel de la Paz alguna vez tuvo prestigio, hoy Netanyahu y Trump lo han convertido en el trofeo de la política-espectáculo, el Oscar a la mejor actuación en el género de la simulación.
Quizá el verdadero premio sería un espejo, para que los promotores de semejante disparate puedan admirar, en toda su gloria, el rostro del cinismo absoluto. Porque si la paz es esto, el mundo merece, al menos, reírse antes del apocalipsis.
