El fin de una era
México vive un momento histórico sin precedentes. Por primera vez en nuestra vida republicana, una Corte completa cede su lugar a ministros que llegarán por voto popular. Es el cierre de un capítulo fundamental en la historia judicial del país, y merece una reflexión ...
México vive un momento histórico sin precedentes. Por primera vez en nuestra vida republicana, una Corte completa cede su lugar a ministros que llegarán por voto popular. Es el cierre de un capítulo fundamental en la historia judicial del país, y merece una reflexión sobre quienes se van y qué esperamos de quienes llegan.
Los ministros que hoy concluyen su encargo no son políticos improvisados ni figuras decorativas. Son juristas de carrera, forjados en el estudio profundo del derecho constitucional, con trayectorias que combinan la academia, la judicatura y la práctica jurídica al más alto nivel.
Javier Laynez Potisek merece un reconocimiento particular. Su trabajo como ministro ha sido un ejemplo de rigor técnico y claridad. Sus votos y ponencias reflejan un dominio excepcional del derecho y una comprensión profunda de los equilibrios que requiere una democracia funcional. Ha sido una voz consistente en la defensa de los derechos, construyendo criterios que perdurarán más allá de su gestión.
Norma Lucía Piña Hernández, presidenta de la Corte, enfrentó tiempos extraordinariamente complejos con dignidad institucional. Su preparación académica y su experiencia en el Poder Judicial Federal le permitieron navegar todo tipo de tormentas y defender la autonomía judicial sin caer en confrontaciones estériles. Su legado incluye sentencias fundamentales en materia de derechos humanos y su incansable defensa del principio de la división de Poderes.
Ana Margarita Ríos Farjat representa quizás el perfil más completo de lo que debe ser un juzgador constitucional: brillantez intelectual combinada con sensibilidad social. Fue pionera en incorporar perspectivas interdisciplinarias al análisis constitucional, enriqueciendo el debate judicial con elementos de filosofía, economía y ciencias sociales. Su voto en casos emblemáticos sobre derechos de las mujeres, fiscalidad y federalismo demuestra que el derecho puede y debe evolucionar sin perder rigor jurídico.
También merecen reconocimiento Luis María Aguilar Morales, Alberto Pérez Dayán, Jorge Mario Pardo Rebolledo, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Juan Luis González Alcántara Carrancá, Loretta Ortiz Ahlf y Yasmín Esquivel Mossa que han contribuido a construir una jurisprudencia que ha expandido derechos, clarificado competencias y fortalecido el estado constitucional.
Esta Corte enfrentó casos que definieron el rumbo del país: desde la despenalización del aborto hasta los límites del poder presidencial, desde la constitucionalidad de las consultas populares hasta la protección de los derechos de las minorías. Los nuevos ministros que asumirán por voto popular heredan una responsabilidad monumental. La legitimidad democrática directa que tendrán es inédita, pero con ella deberán demostrar que la elección popular no compromete la excelencia jurídica ni la independencia judicial.
México necesita que los nuevos integrantes de la Corte entiendan que su lealtad no es hacia quienes los eligieron, sino hacia la Constitución. Que la autonomía judicial no es un privilegio de casta, sino una garantía ciudadana fundamental para que exista un árbitro imparcial cuando el poder desborda sus cauces.
La separación de Poderes es el mecanismo que impide que el poder se concentre y se vuelva tiránico. Los nuevos ministros deben ser guardianes celosos de este principio.
En materia de impartición de justicia, esperamos que mantengan y profundicen los estándares de argumentación y transparencia que distinguen a una Corte moderna. Que sus sentencias sean pedagógicas, que expliquen a los ciudadanos por qué el derecho protege ciertos valores incluso cuando parecen ir contra la mayoría. Ojalá que entiendan que ser ministro de la Corte no es representar intereses partidistas o grupales, sino interpretar la Constitución con las herramientas más sofisticadas del derecho contemporáneo.
A quienes se van, gratitud por su servicio y por demostrar que el derecho, cuando se ejerce con preparación y convicción, es un instrumento poderoso para la justicia. A quienes llegan, los mejores deseos para que estén a la altura del momento histórico. México los necesita independientes, preparados y valientes. La República espera que honren la investidura con la misma dignidad con la que la reciben.
