El extraño limbo
Un Presidente electo que está a marcha veloz rumbo al inicio oficial de su administración. Decimos oficial por mero protocolo, porque desde la noche del 1 de julio, la agenda política es suya y de su movimiento

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Un Presidente en funciones que, en realidad, ocupa ya el lugar de expresidente. Enrique Peña Nieto ha reducido radicalmente su presencia en eventos públicos.
El de hoy por la noche en el Zócalo, tal vez sea el último al que asista frente a una multitud ciudadana que, en años previos, comenzó a darle la espalda hasta que este rechazo se concretó hace unas semanas. ¿O de qué otro modo se explica el resultado en las elecciones? ¿A qué se debe, entonces, su bajo nivel de popularidad?
Por el contrario, tenemos a un Presidente electo que está a marcha veloz rumbo al inicio oficial de su administración. Decimos oficial por mero protocolo, porque desde la noche del 1 de julio, la agenda política es suya y de su movimiento. Andrés Manuel López Obrador va por el carril de alta.
En las diez semanas que han pasado desde su triunfo electoral, apenas se ha detenido unos días para el descanso, pero, de igual forma, los personajes que lo acompañan se han encargado de fijar los temas en la política nacional. Quedaron atrás los funcionarios del actual gabinete para darle paso a Alfonso Durazo, Olga Sánchez Cordero, Alfonso Romo y Marcelo Ebrard, por decir algunos. Pareciera que han sido meses, pero en este tiempo hemos hablado ya de demasiados asuntos: Reformas Educativa y Energética, el futuro del nuevo aeropuerto, los salarios de funcionarios y las pensiones a expresidentes, la seguridad de AMLO y el futuro del Estado Mayor Presidencial; el avión que, aún dice, no lo tuvo ni Obama. También se ha polemizado sobre la estrategia de seguridad, la permanencia de las Fuerzas Armadas en las calles, la no concreción de la Guardia Nacional, los Diálogos de Paz y la amnistía. De igual forma, de la legalización de mariguana medicinal y lúdica, así como del cultivo y procesamiento de la amapola con fines terapéuticos; el derecho a decidir y hasta de la muerte digna. Se han puesto sobre la mesa la descentralización de las secretarías de Estado, la construcción de dos refinerías y el Tren Maya. Hace dos días, gobernadores de la frontera norte salieron satisfechos con el acuerdo que les promete eliminar el IVA en su región, para así ser competitivos con las ciudades de EU que tienen del otro lado de la línea. Hemos visto reuniones y anotado muchos nombramientos, lo mismo para Relaciones Exteriores que para Hacienda, Trabajo, Desarrollo Social y hasta para la representación de México en la Organización de las Naciones Unidas.
Tras los hechos en la UNAM que generaron una movilización estudiantil, el rector se reunió con López Obrador, no fue a Los Pinos. De manera insólita, AMLO ha recibido a funcionarios del gobierno de Estados Unidos y embajadores en su casa de transición de la colonia Roma. Y, sorpresivamente, ha recibido elogios de personajes como Donald Trump y hasta consejos de José Mujica. Hasta el Vaticano le abrió la puerta para generar una agenda de cooperación.
Dos meses y medio han pasado. Dos meses y medio quedan para ese 1 de diciembre en que, ahora sí, comience un gobierno que parece tener prisa por iniciar.
Lo desafortunado es que, a pesar de los tantos temas, pocas son las rutas claras que nos digan los cómo. Seguimos en la ambigüedad.
Algunas promesas contundentes de campaña se han transformado ya en discursos menos incendiarios. Si bien, era un proceso natural, lo que sigue siendo incógnita es el por qué pisaron el acelerador. Mi intuición es que Andrés Manuel quiere pagar los costos políticos de arranque de una vez, antes de iniciar formalmente su gobierno (con suerte los negativos los absorbe todavía Peña Nieto). La toma de protesta del 1 de diciembre parecerá más bien informe de gobierno; Pero esa posición la ha elegido AMLO. Tal vez no ha medido que a esa misma velocidad con la que lleva su transición también podría llegar la decepción. Por lo pronto, le ha dado a EPN unos últimos meses de gestión fuera del reflector, cuando en realidad, tendría que ser el tiempo de la evaluación del cierre y la rendición de cuentas.