El beso francés
Mientras Donald Trump afila sus aranceles y prepara su segundo round en la Casa Blanca, Emmanuel Macron aterrizó en México con un mensaje tan claro como conveniente: hay vida más allá del TMEC. O más bien, hay que empezar a construirla porque lo que viene del norte se ...
Mientras Donald Trump afila sus aranceles y prepara su segundo round en la Casa Blanca, Emmanuel Macron aterrizó en México con un mensaje tan claro como conveniente: hay vida más allá del T-MEC. O más bien, hay que empezar a construirla porque lo que viene del norte se ve color de hormiga.
La visita del presidente francés —la primera de un líder europeo desde que Claudia Sheinbaum asumió el cargo— fue breve pero sustanciosa. Menos de 24 horas en territorio mexicano, pero suficientes para firmar acuerdos, intercambiar códices y mandar recaditos velados a Washington. Porque eso es precisamente lo que fue esta cumbre: un ejercicio de diplomacia preventiva ante la inminente era Trump 2.0.
Hay algo casi poético en ver a dos mandatarios con formación científica discutir sobre soberanía, multilateralismo y cambio climático mientras el mundo se polariza entre populismos de uno y otro signo. Sheinbaum, la física que llegó a Palacio Nacional, y Macron, el tecnócrata que ha convertido la innovación en bandera política, encontraron más coincidencias de las esperadas. Ambos defienden el multilateralismo, cuando Washington lo dinamita, impulsan agendas feministas en un planeta que vira a la derecha, y hablan de transición energética mientras otros prometen revivir el carbón. Francia y México, dijeron, comparten valores democráticos y una visión común sobre los retos internacionales. Traducción libre: necesitamos aliados, porque la tormenta perfecta no cede y sigue en el horizonte.
El intercambio de códices —el Azcatitlán vendrá temporalmente a México en 2026 mientras el Códice Boturini viajará hacia Francia— es el titular romántico para esta cumbre. Pero los acuerdos de fondo van mucho más allá. Macron anunció la reactivación del Consejo Estratégico Franco-Mexicano con el objetivo explícito de ampliar inversiones bilaterales. Las 700 empresas francesas que ya operan en México son apenas el punto de partida. Los sectores prioritarios quedaron claros: aeronáutico, ferroviario, energías renovables, salud e innovación tecnológica. Básicamente, todo lo que el Plan México de Sheinbaum necesita y que Trump no va a financiar.
Lo que nadie dijo explícitamente, pero todos entendieron es que esta cumbre es un ensayo general para la era Trump. Cuando le preguntaron a Macron sobre los bombardeos estadunidenses a presuntas narcolanchas en aguas internacionales, el francés fue categórico: “La soberanía de todos los Estados debe ser respetada absolutamente”. Mensaje recibido en Washington. La renovación del acuerdo comercial entre México y la Unión Europea, prevista para 2026, adquiere ahora una dimensión estratégica que antes no tenía. Si Trump cumple sus amenazas arancelarias, México necesitará mercados alternativos con urgencia.
Sheinbaum sale fortalecida de este encuentro. Recibe al primer líder europeo de su mandato, firmar acuerdos concretos, recupera temporalmente patrimonio cultural y manda señales de que México no es rehén de Estados Unidos. Macron regresa a París con la foto de líder global que necesita para su alicaída popularidad y con la promesa de que las empresas francesas tendrán terreno fértil en el nearshoring mexicano. En un mundo donde Trump promete muros y aranceles, donde China juega ajedrez tridimensional y donde Europa busca desesperadamente relevancia, México necesita construir opciones.
Porque cuando Trump regrese a la Casa Blanca en enero, y cuando empiecen las presiones migratorias, comerciales y de seguridad, México necesitará que esos acuerdos firmados hoy en Palacio Nacional sean más que buenos deseos. Por lo pronto, México recuperará temporalmente el Códice Azcatitlán. Ojalá la historia que viene no sea tan trágica como la que ese manuscrito narra: la caída de un imperio.
