¿Dónde la verdad? ¿Y de quién?

Este fin de semana se vivió en la CDMX un episodio en el que la saturación de información, las interpretaciones de todas las partes, la agenda de algunos de los involucrados, la ingenuidad de los convocantes, la desacreditación del gobierno, el oportunismo de la ...

Este fin de semana se vivió en la CDMX un episodio en el que la saturación de información, las interpretaciones de todas las partes, la agenda de algunos de los involucrados, la ingenuidad de los convocantes, la desacreditación del gobierno, el oportunismo de la oposición, la violencia de los reventadores, muchos heridos (lo mismo civiles que policías), afortunadamente ningún muerto… Pero, al final, nadie sabe bien a bien qué es lo que pasó.  

Hay un momento en el que la ficción supera la realidad no porque sea más entretenida, sino porque es más fácil de fabricar. Estamos ahí. En 2025, un intento de deepfake ocurre cada cinco minutos, en promedio, y sólo en el primer trimestre se contabilizaron 179 incidentes, un aumento de 19% respecto a todo 2024. Lo nuevo no es la mentira. Lo nuevo es que ahora tiene inteligencia artificial, presupuesto ilimitado y capacidad de replicarse antes de que alguien pueda desmentirla.

La saturación informativa no es un fenómeno, es una estrategia. Bombardear con múltiples versiones contradictorias de una misma historia para generar tanta confusión que la gente se desanime y deje de buscar la verdad. Y funciona. La evasión informativa alcanzó 40% en 2025. La gente no sólo dejó de confiar en las noticias. Dejó de querer saber.

Los casos concretos no son anécdotas, son síntomas. En Hong Kong, un empleado transfirió 25 millones de dólares engañado por una videollamada deepfake de su director financiero. Era tiempo real, con la voz correcta, los gestos correctos. En Francia, una mujer perdió 800 mil dólares estafada por imágenes generadas de Brad Pitt. No hablamos de personas ingenuas. Hablamos de profesionales superados por tecnología que antes parecía ciencia ficción. En Ecuador, durante la campaña electoral de 2025, se identificaron 15 reportajes alterados mediante deepfakes, suplantando presentadores de France24, RTVE y Noticias Caracol; 74% del contenido verificado fue falso, 19.6% creado con IA. No fue accidente. Fue estrategia planificada. Elon Musk encabeza la lista de más suplantados con 20 casos. Lo que antes requería horas de trabajo experto, hoy se hace en minutos desde un celular.

¿Dónde está la verdad? Porque cuando los deepfakes generan temor por la calidad de las falsificaciones, su capacidad de convencer y la falta de detección fiable, la verdad dejó de ser un hecho objetivo para convertirse en una apuesta. ¿Le creo a este video? ¿A esta fuente? ¿A mi capacidad de discernir? El costo a corto plazo ya lo pagamos: fraudes millonarios, campañas manipuladas, reputaciones destruidas. A mediano plazo, algo más sutil: la erosión de la confianza. Cuando cada información puede ser falsa, toda información es sospechosa. Y cuando todo es sospechoso, nada importa. La desinformación es un catalizador que exacerba la polarización social y la inestabilidad política. El costo a largo plazo es civilizatorio. Una democracia no funciona sin hechos compartidos. Si cada lado tiene su propia versión fabricada por algoritmos y amplificada por burbujas informativas, no hay debate. Hay dos películas distintas proyectándose en la misma sala.

¿Cómo se combate? Legislación que criminalice el uso malicioso de deepfakes y obligue a etiquetar contenido de IA. Alfabetización digital masiva. Los humanos siguen siendo más confiables que algoritmos para detectar deepfakes; tomarse segundos extra para analizar puede aumentar significativamente la probabilidad de identificar falsificaciones. Fortalecer el periodismo de verificación. Y, lo más importante: desacelerar. Reducir la velocidad. Desconfiar de lo que genere presión inmediata. Pero seamos honestos: esto requiere un cambio cultural que va contra cómo operan las plataformas, los algoritmos y nuestra neuroquímica. Las redes están diseñadas para recompensar la velocidad, no la reflexión. La dopamina llega con el like, no con la pausa.

La verdad se volvió un bien escaso no porque haya menos hechos, sino porque hay más ruido. Y, en ese ruido, quien tiene más recursos fabrica la realidad que le conviene. Esto no es distopía futurista. Es miércoles 19 de noviembre de 2025. Mañana es 20 y cohabitarán la nueva marcha de la GenZ y el desfile militar. Por favor, ponga mucha atención y criterio sobre todo lo que vea en las redes. Porque la pregunta no es si vamos a perder la verdad. La pregunta es si vamos a darnos cuenta de que ya la estamos perdiendo.

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