¿Demasiado poco, demasiado tarde?

El pasado 18 de octubre, el Partido Acción Nacional intentó reinventarse con bombo y platillos en el Frontón México, el mismo lugar donde nació, en 1939. Nuevo logo, promesa de primarias abiertas, ruptura con el PRI y un discurso de apertura ciudadana que sonaba más a ...

El pasado 18 de octubre, el Partido Acción Nacional intentó reinventarse con bombo y platillos en el Frontón México, el mismo lugar donde nació, en 1939. Nuevo logo, promesa de primarias abiertas, ruptura con el PRI y un discurso de apertura ciudadana que sonaba más a desesperación que a convicción. La ceremonia incluyó la presentación de un logo renovado y el compromiso de abrir el partido mediante elecciones primarias y procesos transparentes, rompiendo con las alianzas electorales que lo habían caracterizado en años recientes. Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum criticó el timing del evento, realizado mientras miles de familias seguían afectadas por inundaciones, evidenciando la desconexión del partido con las prioridades ciudadanas.

Los números no mienten. En las elecciones presidenciales de 2024, el PAN obtuvo 9.6 millones de votos, apenas 27.9% para la coalición que encabezó, frente al 59.35% de Morena. Pero lo peor no fue perder; fue cómo cayeron. Para febrero de 2025, según Buendía & Márquez, sólo 3% de los mexicanos se considera panista, el peor dato de la serie desde 2010. Más grave: en intención de voto para diputados federales, el PAN apenas alcanza 9%, quedando por detrás de Movimiento Ciudadano (13%) y empatado con el PRI (10%). El balance de opinión del PAN es de -42 puntos: sólo 20% tiene una opinión favorable, mientras que 62% mantiene una opinión negativa.

El Revolucionario Institucional está aún peor, con un balance de opinión de -49 puntos. El PRI se mantiene como el partido con mayor rechazo, alcanzando 32.1 por ciento. Es un cadáver político sobreviviendo a base de prerrogativas. MC emerge con 13% de intención de voto, pero esto es más reflejo del colapso de PAN y del PRI que de su fortaleza real.

Aquí está el escándalo: los seis partidos políticos nacionales recibirán 7,354 millones de pesos en 2025. Esta cifra supera los recursos asignados a las secretarías de Gobernación y Economía en conjunto. El PAN recibirá 1,294 millones con apenas 9% de intención de voto. La mitad de los partidos no rinde cuentas adecuadamente de sus gastos. Es un sistema perverso: partidos zombis que sobreviven del erario sin representar a nadie. Claudia Sheinbaum mantiene niveles de aprobación entre 74% y 85%, superiores a cualquier presidente mexicano en las últimas tres décadas. Con una bancada legislativa que va de 233 a 251 diputados, Morena tiene una hegemonía casi absoluta. Pero aquí está el problema: una democracia sin contrapesos reales se pudre desde adentro. A Morena y a Sheinbaum les conviene tener una oposición vigorosa, porque una oposición de utilería genera desconfianza internacional, elimina válvulas institucionales de escape para el descontento, impide el escrutinio que mejora políticas públicas y debilita la calidad democrática del proyecto de transformación.

¿Qué se necesita? El relanzamiento del PAN es insuficiente porque ataca síntomas, no causas. Se requieren cambios estructurales: reducir drásticamente las prerrogativas para partidos sin representación real, prohibir los “partidos franquicia” locales sin base social, hacer obligatorias las primarias abiertas en todos los partidos, establecer rendición de cuentas transparente con consecuencias reales, democratizar estructuras internas y construir alianzas programáticas genuinas, no pactos electoreros de cúpulas. Cuando se pregunta quién es el mejor representante de la oposición frente a Morena, 31% responde que “ninguno” y 57% simplemente no sabe o no contesta. Esto no es sólo un problema de los partidos; es una amenaza para la democracia mexicana en sí. Un país donde Morena aventaja al PAN y al PRI por tres a uno no es una democracia sana; es una hegemonía con instituciones casi de fachada.

El relanzamiento del PAN fracasará si sólo cambia el logo y hace ajustes cosméticos. Lo que México necesita es una refundación completa de la oposición: nuevos liderazgos, nuevas ideas, nueva ética. Y necesita que Morena entienda que una oposición fuerte no es una amenaza, es una garantía de que el proyecto de transformación no se convertirá en otro régimen de partido hegemónico. La debilidad de la oposición no es un mero problema electoral; es un peligro para la democracia misma. Y para la legitimidad del proyecto gobernante en sí. Y si pierde en cualquiera de esos terrenos, en realidad, con eso, perdemos todos.

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