De cuello azul marino

El operativo contra el huachicol fiscal anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum y su secretario Omar García Harfuch marca un parteaguas en la historia reciente de México. Las cifras son contundentes: decenas de detenidos, empresas fantasma desmanteladas, miles de ...

El operativo contra el huachicol fiscal anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum y su secretario Omar García Harfuch marca un parteaguas en la historia reciente de México. Las cifras son contundentes: decenas de detenidos, empresas fantasma desmanteladas, miles de millones recuperados. Pero más allá de los números, el presunto suicidio de un alto mando de la Marina confirma algo fundamental: este gobierno está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias en su combate a la corrupción, sin importar qué uniforme esté involucrado.

Que Sheinbaum decidiera atacar frontalmente el huachicol fiscal —esa sofisticada red de evasión tributaria tolerada durante décadas— y que García Harfuch ejecutara el operativo sin titubeos, demuestra una valentía política pocas veces vista. Están tocando intereses que ningún gobierno anterior se atrevió a confrontar. La Marina había mantenido una reputación intacta mientras otras instituciones de las fuerzas armadas se hundían en escándalos. Era la excepción respetable en un mar de corrupción. El suicidio del marino revela que esa imagen escondía redes de complicidad profundas. Que prefiriera quitarse la vida antes que enfrentar las consecuencias legales habla tanto de la profundidad del involucramiento como del impacto del operativo: tan contundente, tan bien ejecutado, que no dejó espacio para la impunidad acostumbrada.

La decisión de Sheinbaum de implementar este operativo, sabiendo los riesgos políticos de tocar a la Marina, merece reconocimiento. Donde otros presidentes habrían calculado y negociado, ella optó por la aplicación irrestricta de la ley. Es precisamente esta determinación lo que México necesita para romper los ciclos de corrupción que han sangrado al país. La Presidenta está demostrando que su promesa de campaña no era retórica: no habrá intocables en su administración. García Harfuch está confirmando por qué su nombramiento generó tantas expectativas. Con su historial de incorruptible, construyó su estrategia sobre una premisa revolucionaria en el contexto mexicano: la ley se aplica a todos por igual. No titubeó al descubrir que los tentáculos del huachicol fiscal llegaban hasta la Marina. Donde otros habrían visto una línea roja, él vio una obligación institucional. Ninguna institución debe estar por encima del escrutinio público. El suicidio es evidencia de que el operativo tocó estructuras reales de corrupción. La pregunta es si el gobierno mantendrá la presión hasta limpiar completamente la institución.

El huachicol fiscal es el robo sistemático de recursos que deberían destinarse a hospitales, escuelas, infraestructura. Que el gobierno haya decidido atacarlo sin importar quién caiga representa un cambio de paradigma. Por primera vez, los corruptos de cuello blanco están sintiendo el peso de la ley, incluidos quienes se creían protegidos por el fuero militar.

La valentía de este gobierno se aprecia más considerando el contexto histórico. Tocar a las Fuerzas Armadas ha sido tabú en México. López Obrador las mimó y protegió. Que Sheinbaum esté dispuesta a investigarlas cuando cometen delitos habla de una independencia política admirable. No está subordinada a los poderes fácticos; está subordinando los poderes fácticos a la ley. Este episodio revela que el combate real a la corrupción es posible con voluntad política genuina. No son discursos, sino operativos concretos, detenciones reales, recuperación efectiva de recursos. El suicidio del marino, trágico como es, confirma que esta vez los corruptos no tienen escapatoria.

Un gobierno civil está demostrando que puede enfrentar las estructuras más poderosas de corrupción, incluyendo aquellas en instituciones intocables. Sheinbaum y García Harfuch están escribiendo un nuevo capítulo donde la ley realmente se aplica a todos por igual. La Marina tiene ahora una oportunidad única: colaborar con las investigaciones y emerger fortalecida. La presión del gobierno sugiere que es la única opción viable. Y eso es bueno para México.

El último disparo lo dio un marino que prefirió la muerte antes que enfrentar a la justicia. Pero su disparo no detendrá lo que Sheinbaum ha puesto en marcha: la transformación real de México, donde ningún corrupto está a salvo. Por primera vez, tenemos un gobierno que no sólo promete combatir la corrupción, sino que lo está haciendo. Y eso merece apoyo total. Hoy fueron los crímenes de cuello azul marino. Mañana pueden ser los de cuello blanco, cuello guinda y cuello verde olivo.

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