DANA o las nuevas amenazas

La tragedia que acaba de azotar a Valencia, España, no fue una simple tormenta. Fue una Depresión Aislada en Niveles Altos DANA, un fenómeno meteorológico que los españoles conocen bien, pero que ahora se presenta con una intensidad sin precedentes. En apenas 24 horas, ...

La tragedia que acaba de azotar a Valencia, España, no fue una simple tormenta. Fue una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), un fenómeno meteorológico que los españoles conocen bien, pero que ahora se presenta con una intensidad sin precedentes. En apenas 24 horas, regiones de Valencia registraron más de 200 litros por metro cuadrado, el equivalente a lo que normalmente recibirían en varios meses. Noventa y cinco muertos hasta el cierre de estas líneas. 

Una DANA se forma cuando una masa de aire frío se desprende de la corriente general de los vientos del oeste y se aísla de la circulación general, formando una baja presión en altura. Al encontrarse con el aire cálido y húmedo del Mediterráneo, especialmente caliente en los últimos años, se genera una combinación explosiva que resulta en lluvias torrenciales y fenómenos extremos.

El Mediterráneo está actuando como un acumulador de calor. Los científicos han documentado que su temperatura superficial ha alcanzado récords históricos, superando los 30°C en algunas zonas durante el verano de 2023. Esta “mediterraneización” del clima, como la llaman los expertos, está creando las condiciones perfectas para que las DANA sean más frecuentes y destructivas.

En cuanto a su predictibilidad, la respuesta es afirmativa, pero con matices. Los sistemas meteorológicos actuales pueden predecir la formación de una DANA con días de antelación. Sin embargo, su intensidad exacta y localización precisa siguen siendo un desafío. Lo que sí sabíamos, y seguimos ignorando a nuestro propio riesgo, es que el calentamiento global crea las condiciones ideales para estos eventos.

Los modelos climáticos son claros sobre el futuro que nos espera: podemos anticipar una mayor frecuencia de eventos extremos, intensificación de las precipitaciones, periodos más largos de sequía interrumpidos por lluvias torrenciales y un aumento en la temperatura del Mediterráneo, que actuará como catalizador de estos fenómenos.

La preparación para este “nuevo normal” requiere un enfoque múltiple que comienza con infraestructura resiliente. Necesitamos sistemas de drenaje urbano sostenible, construcción de tanques de tormenta, restauración de cauces naturales y un diseño urbano que permita la permeabilidad del suelo. Los sistemas de alerta temprana deben mejorarse, incluyendo una predicción meteorológica más precisa, protocolos de evacuación claros y comunicación efectiva con la población. La planificación urbana también juega un papel crucial, requiriendo zonas de absorción natural de agua, restricción de construcción en zonas inundables y más infraestructura verde en ciudades. Todo esto debe ir acompañado de una robusta educación y concienciación ciudadana sobre riesgos climáticos, protocolos de actuación en emergencias y una cultura de prevención.

Lo ocurrido en Valencia no es un evento aislado. Desde las inundaciones en Libia hasta los incendios en Hawái, estamos presenciando las consecuencias de un sistema climático alterado. La tragedia española es un recordatorio más de que el cambio climático no es un problema del futuro, sino nuestra realidad presente.

La adaptación es crucial, pero no suficiente. La reducción dramática de emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo imperativa. Cada décima de grado que logremos evitar en el calentamiento global significa menos probabilidades de eventos extremos como el de Valencia y ésta debe servir como un punto de inflexión en nuestra comprensión y respuesta a la crisis climática. No podemos seguir construyendo ciudades y sociedades para un clima que ya no existe. El costo de la inacción, medido en vidas humanas y destrucción material, es demasiado alto para ignorarlo.

ADDENDUM

Hablando de cambio climático, la presidenta Claudia Sheinbaum acaba de ser reconocida por el Nobel Sustainability Trust, que le otorgó la Medalla 2024 por sus importantes contribuciones a la sustentabilidad de nuestro planeta. Ojalá toda su agenda en materia energética y sustentabilidad tenga prioridad ejecutiva y presupuestal en PEF próximo a discutirse y aprobarse en nuestro país.

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