Claudia y la tormenta

Las imágenes de la presidenta Claudia Sheinbaum recorriendo Puebla, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro este fin de semana marcan un contraste notable con su predecesor. Mientras, hasta el momento, 64 personas han perdido la vida y 139 municipios han sido ...

Las imágenes de la presidenta Claudia Sheinbaum recorriendo Puebla, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro este fin de semana marcan un contraste notable con su predecesor. Mientras, hasta el momento, 64 personas han perdido la vida y 139 municipios han sido afectados por las recientes lluvias torrenciales, Sheinbaum no sólo activó el Comité Nacional de Emergencias, sino que puso el cuerpo: visitó comunidades devastadas, implementó puentes aéreos y prometió censos para distribuir apoyos.

Este gesto representa un cambio significativo frente a la gestión de López Obrador, cuya respuesta a desastres como el huracán Otis se limitó a visitas mediáticas para “tomarse la foto”, sin capacidad real de reconstrucción. Sheinbaum merece reconocimiento por su presencia en terreno. La empatía importa, y mucho. Quizá éste es uno de los rostros más importantes (y las diferencias) del poder ejercido en femenino.  

Y es aquí donde la buena voluntad choca con una realidad difícil: los recursos para atender desastres naturales se redujeron 67% durante el gobierno anterior. En 2018, el Fonden contaba con 41,400 millones de pesos; para 2023, apenas 13,702 millones. El fondo fue eliminado el 28 de julio de 2021 bajo el argumento de que era un instrumento de corrupción.

Había casos documentados de corrupción en el Fonden, sí. Pero la solución no es eliminar los mecanismos de protección ciudadana, sino depurarlos. Es como clausurar un hospital con mal manejo en lugar de sanear su administración. Las temperaturas en México han aumentado 0.85°C en los últimos 50 años, y se espera un incremento adicional de hasta 2°C para 2039. En 2024, las pérdidas económicas globales por desastres naturales alcanzaron 368,000 millones de dólares. Según la Organización Meteorológica Mundial, 2024 fue el año más cálido registrado en América Central y el Caribe.

El cambio climático está aquí, cobrando vidas mexicanas ahora mismo. Las lluvias torrenciales que acaban de devastar el centro y oriente del país no son una anomalía, sino el nuevo normal. Y el nuevo normal exige mecanismos presupuestarios permanentes, no soluciones artesanales de pago por evento.

Pero no sólo es cuestión de dinero. La tragedia reciente expuso otra debilidad sistémica: las fallas en los sistemas de alerta temprana y coordinación entre niveles de gobierno. Aunque Protección Civil en algunos estados sí emitió los avisos, en muchos municipios las alertas llegaron tarde o nunca. La capacidad técnica y de comunicación en el nivel municipal —el más cercano a la población— es dramáticamente insuficiente. Además, enfrentamos un problema cultural que ningún presupuesto resuelve por sí solo: la resistencia de muchas personas a abandonar sus hogares ante la inminencia del peligro. Pese a las advertencias, familias completas se niegan a acudir a los refugios temporales, ya sea por desconfianza, por temor a los robos o simplemente porque subestiman la amenaza hasta que el agua les llega al cuello. Este componente humano requiere campañas permanentes de educación cívica y protocolos más efectivos de evacuación obligatoria cuando sea necesario.

Por eso, aunque celebramos que la presidenta Sheinbaum haya mostrado un rostro humano, debemos replantear qué cambios en presupuesto y en protocolo deben empezar a considerarse. El presupuesto de egresos debe incluir no sólo la restauración del Fonden o un mecanismo similar (blindado contra la corrupción, pero con recursos suficientes), sino también inversión sustancial en sistemas de alerta temprana, fortalecimiento de capacidades municipales de protección civil y campañas sostenidas de cultura preventiva.

Actualmente, según explicó la Presidenta, los recursos se ejercen discrecionalmente a través de la Secretaría de Hacienda cuando se declaran emergencias. Pero este sistema, dependiente de voluntades políticas y caso por caso, es insuficiente. Los desastres no esperan aprobaciones sexenales.

La presidenta Sheinbaum ha demostrado que entiende la dimensión humana del desastre. Ahora, su gobierno debería entender y modificar también su dimensión estructural. México necesita un Fonden 2.0: transparente, auditado, con candados anticorrupción, pero, sobre todo, real y operativo.

Porque los desastres seguirán llegando y, cuando lo hagan, la empatía presidencial seguirá siendo de la mayor relevancia, para entender, acompañar, consolar, pero sólo el presupuesto se podrá reconstruir.

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