Seiscientos treinta kilómetros de litoral manchados de crudo. Cincuenta y un sitios con presencia de chapopote entre Veracruz y Tabasco. Siete tortugas marinas muertas, dos delfines, dos manatíes, pelícanos cubiertos de petróleo. La laguna del Ostión contaminada hasta el manglar. Catorce mil personas que dependen de la pesca y el turismo en Pajapan, Mecayapan y Tatahuicapan, sin ingreso desde el 2 de marzo, mientras las comunidades se organizaban para limpiar a mano lo que ninguna autoridad limpió durante los primeros ocho días. Así se ve un crimen ecológico cuando nadie lo llama por su nombre a tiempo.
A ese desastre hay que sumarle otro. El 17 de marzo, la refinería Olmeca en Dos Bocas (construida sobre manglar, casi al nivel del mar, con un sobrecosto de 135% y operando a 40% de su capacidad) sufrió una explosión que dejó cinco muertos. Pemex atribuyó el incendio al desbordamiento de aguas aceitosas tras lluvias intensas, lo cual, más que una explicación, es una confesión: una refinería que se inunda con lluvia y derrama hidrocarburos tiene un problema de diseño que ningún comunicado puede tapar. Este domingo, Pemex confirmó un tercer derrame en las inmediaciones del mismo complejo. Tres incidentes en menos de un mes. No es mala suerte. Es un patrón.
La postura que adoptó ayer por la mañana la presidenta Claudia Sheinbaum merece reconocerse. Anunció que la FGR ya investiga el derrame en el golfo como delito penal. Instruyó al director de Pemex a trasladarse personalmente a la zona. Señaló que la Profepa y la ASEA participan en la investigación administrativa. Y dijo lo que hacía falta: que la empresa responsable del barco tendrá que resarcir los daños. En un país donde la costumbre ha sido minimizar los derrames y esperar a que las corrientes se lleven la indignación junto con el chapopote, eso ya es un cambio de tono que conviene registrar.
La decisión tiene, además, un peso particular. Sheinbaum fue autora contribuyente del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) que en 2007 recibió el Premio Nobel de la Paz junto con Al Gore: más de 600 investigadores convocados por Naciones Unidas para documentar el cambio climático y proponer vías de mitigación. Esa trayectoria no es decorativa. Es un compromiso con la evidencia científica que ahora se pone a prueba frente a 630 kilómetros de litoral envenenado.
Pero abrir la puerta a la investigación penal es sólo el primer paso y lo que sigue es menos fotogénico. A tres semanas del desastre, la pregunta central sigue sin respuesta: ¿quién derramó qué, cuándo y desde dónde? Rocío Nahle primero dijo que el crudo provenía de un barco privado; después se desdijo. Investigadores detectaron con imágenes satelitales del 20 de febrero una mancha de 37 kilómetros frente a Campeche, posiblemente vinculada a infraestructura petrolera. Las corrientes del Golfo en esta temporada pueden trasladar hidrocarburos desde la Sonda de Campeche a Veracruz en 10 a 30 días. La cronología coincide. La FGR tiene que seguir esa línea sin importar a dónde conduzca: si a una empresa privada, a negligencia de Pemex o a ambas.
La ASEA, por su parte, necesita realizar una inspección de causa-raíz en Dos Bocas que abarque los tres incidentes recientes y el incendio en una línea de descarga reportado en enero. Una refinería con cuatro emergencias en tres meses no necesita un comunicado de que opera “al cien por ciento”. Necesita una auditoría independiente. Y las comunidades que llevan semanas limpiando chapopote con las manos, sin equipo ni indemnización, necesitan que alguien cierre la brecha entre el 88% de avance que reporta Pemex y los 26 sitios sin atención que documenta la Red del Corredor Arrecifal.
Sheinbaum hizo bien en abrir esta puerta. El reto es que no se cierre con un expediente archivado y unas playas que la próxima temporada vacacional convendrá declarar limpias. El golfo no necesita relaciones públicas. Necesita que alguien pague, que alguien repare y que alguien garantice que no se repite. La Presidenta que estudió el cambio climático antes de que fuera agenda de campaña lo sabe mejor que nadie en su gabinete. Ahora esperemos que lo demuestre.
