Big Horrible Bill

La promulgación del One Big Beautiful Bill –el megaplan fiscal de Donald Trump– marca un parteaguas en la política económica y social de Estados Unidos, con repercusiones profundas tanto para los grupos más vulnerables dentro del país como para México y América ...

La promulgación del One Big Beautiful Bill –el megaplan fiscal de Donald Trump– marca un parteaguas en la política económica y social de Estados Unidos, con repercusiones profundas tanto para los grupos más vulnerables dentro del país como para México y América Latina. Detrás del discurso triunfalista de crecimiento y prosperidad, la letra pequeña de esta ley es, para millones, una factura monumental y devastadora.

El corazón de la reforma es claro: un recorte masivo de impuestos para los más ricos y las grandes empresas, financiado a costa de los pobres, los migrantes y los trabajadores. El plan perpetúa y expande las ventajas fiscales al 1% más acaudalado, mientras introduce recortes históricos a Medicaid, SNAP (cupones de alimentos), programas de vivienda y créditos para energías limpias. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, al menos 17 millones de estadunidenses –especialmente niños, adultos mayores y personas con discapacidad– perderán su seguro médico en la próxima década. El 10% más pobre verá reducido su ingreso neto en 4%, mientras que el 1% más rico ganará, en promedio, 70 mil dólares adicionales sólo en el primer año.

Entre los más afectados están los inmigrantes. Y aunque no será de 5% ni tampoco de 3.5%, el plan sí introduce un impuesto de 1% a las remesas enviadas desde Estados Unidos, aplicable a todas las transferencias que no se realicen por vía bancaria o con tarjeta de débito. Para México, donde las remesas alcanzaron un récord de 64 mil 700 millones de dólares en 2024 –representando hasta el 4.2% del PIB y siendo el principal ingreso para millones de familias–, el golpe es directo y doloroso. El impuesto no sólo reducirá el monto neto recibido por los hogares más pobres de México, sino que también incentivará el uso de canales informales, aumentando el riesgo de lavado de dinero y fraudes. Además, la ley endurece los requisitos para acceder a beneficios sociales, excluyendo a inmigrantes legales de varios programas federales y elevando los costos de trámites migratorios.

Pero el impacto para México va mucho más allá de las remesas. El plan fiscal de Trump eleva el techo de la deuda estadunidense en cinco billones de dólares, asigna 175 mil millones a seguridad fronteriza y 46 mil millones al muro con México. También contempla un aumento de 20 mil plazas en ICE y CBP, lo que anticipa una ola de deportaciones masivas y una presión sin precedentes sobre la frontera sur. Si a esto se suman los nuevos aranceles a las exportaciones mexicanas –que Trump ya ha amenazado con imponer hasta en 25%–, el resultado puede ser una recesión en México, depreciación del peso, inflación y un aumento de la pobreza y la migración forzada.

Este Big Horrible Bill es, en suma, una transferencia de riqueza de los pobres a los ricos, de los migrantes a los millonarios, y de la periferia al centro. Para México, significa menos remesas, más deportaciones, menos inversión extranjera y un entorno comercial hostil. Para los grupos sociales más vulnerables de Estados Unidos –migrantes, familias pobres, niños, adultos mayores–, representa la pérdida de derechos básicos y la profundización de la desigualdad. El cohete fiscal de Trump, lejos de llevar a todos al espacio, amenaza con dejar a millones en la estacada, a ambos lados de la frontera.

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