Ataque de nervios
La única fuerza capaz de destruir a Estados Unidos vendría desde dentro, no desde el exterior: Abraham Lincoln.
El prestigioso columnista de The New York Times, Thomas Friedman, publicó ayer un artículo que refleja su profunda preocupación por el rumbo de la política estadunidense bajo la administración de Donald Trump tras su regreso a la Casa Blanca. Friedman advierte que las estrategias zigzagueantes del presidente en temas como Ucrania, aranceles y microchips no son producto de una visión coherente, sino de decisiones erráticas tomadas por alguien que, según el columnista, “nunca tuvo una teoría coherente de las mayores tendencias en el mundo actual”.
En su análisis, Friedman utiliza repetidamente una metáfora alarmante: el “ataque de nervios” colectivo que estas políticas inconsistentes podrían provocar. “Nuestros mercados tendrán un ataque de nervios por la incertidumbre, nuestros emprendedores tendrán un ataque de nervios, nuestros fabricantes tendrán un ataque de nervios, nuestros inversionistas —extranjeros y nacionales— tendrán un ataque de nervios, nuestros aliados tendrán un ataque de nervios y vamos a provocarle un ataque de nervios al resto del mundo”, escribe, subrayando la inestabilidad que percibe.
El columnista contrasta dramáticamente las palabras inspiradoras del discurso inaugural de John F. Kennedy en 1961 con lo que considera la filosofía actual de la administración. Donde Kennedy habló de “pagar cualquier precio, soportar cualquier carga” por la libertad, Friedman ve ahora una América que “no pagará ningún precio, no soportará ninguna carga” y que “abandonará a cualquier amigo y se acercará a cualquier enemigo” si eso beneficia políticamente a la administración.
Esta transformación radical del papel de Estados Unidos en el mundo es particularmente alarmante para Friedman, quien recuerda que América ha sido “el jugador estabilizador crítico desde 1945” a través de instituciones como la OTAN, la OMS, el Banco Mundial y la OMC. Al alejarse de ese rol histórico y convertirse en lo que él describe como “un depredador de este sistema”, Friedman advierte que las consecuencias podrían ser devastadoras.
Quizás lo más inquietante del análisis de Friedman es su referencia al discurso de Abraham Lincoln de 1838, donde el futuro presidente advertía que la única fuerza capaz de destruir a Estados Unidos vendría desde dentro, no desde el exterior. “Si la destrucción es nuestro destino, nosotros mismos debemos ser su autor y consumador”, citó Lincoln, palabras que Friedman considera preocupantemente relevantes en el contexto actual.
En esencia, el “ataque de nervios” que Friedman teme no es sólo una crisis económica o diplomática temporal, sino también una profunda ruptura con los principios y prácticas que han definido el liderazgo estadunidense durante más de ocho décadas. Una ruptura que, advierte, podría tener consecuencias duraderas tanto para Estados Unidos como para el orden mundial que ayudó a construir.
Nos toca al resto de los países tener, como bien dice la presidenta Claudia Sheinbaum, cabeza fría para no ser presas de un ataque de nervios provocado desde la oficina oval.
