Alto voltaje, Musk y Trump

La disputa ha escalado hasta el punto de que Musk ha acusado a Trump de estar vinculado al caso Epstein.

El desencuentro entre Elon Musk y Donald Trump ha dejado de ser una mera diferencia de opiniones para convertirse en un pleito público de alto voltaje, con consecuencias palpables tanto para la economía estadunidense como para el propio imperio del multimillonario. Lo que comenzó como una alianza estratégica entre dos de las figuras más poderosas de Estados Unidos —el hombre más rico del mundo y el presidente de la nación— se ha transformado en una guerra abierta, cargada de acusaciones, amenazas y consecuencias financieras inmediatas.

El origen del conflicto radica en el rechazo de Musk a la nueva ley fiscal impulsada por Trump, que elimina créditos clave para vehículos eléctricos y, según el empresario, disparará el déficit nacional. Musk ha calificado el proyecto de “abominación repugnante” y ha instado a los republicanos a rechazarlo, argumentando que perjudica tanto a la industria tecnológica como a la estabilidad fiscal del país. Trump, por su parte, ha respondido con decepción y amenazas: “La forma más fácil de ahorrar miles de millones en nuestro presupuesto es terminar con los subsidios y contratos gubernamentales de Elon”. El presidente incluso ha insinuado que la hostilidad de Musk podría estar motivada por la eliminación de incentivos que beneficiaban directamente a Tesla y a otras empresas del magnate.

La disputa ha escalado hasta el punto de que Musk ha acusado a Trump de estar vinculado al caso Epstein, sugiriendo que su nombre aparece en los archivos no publicados del escándalo sexual, mientras que Trump ha replicado con la amenaza de cortar todos los lazos financieros entre el gobierno federal y las empresas de Musk. Este intercambio ha dejado al descubierto las fracturas internas dentro del bloque de poder que respaldó a Trump y ha puesto en jaque la imagen pública de ambos personajes.

Las implicaciones económicas ya son evidentes. Las acciones de Tesla se desplomaron más de 15% en la Bolsa de Nueva York, borrando decenas de miles de millones de dólares de su capitalización bursátil en cuestión de horas. El Nasdaq, el S&P 500 y otros índices tecnológicos también han sentido el impacto, con caídas significativas tras el anuncio de posibles recortes de subsidios y contratos federales. Analistas estiman que la eliminación de los créditos fiscales podría suponer un golpe de 1.200 millones de dólares al beneficio anual de Tesla, según JPMorgan.

A nivel personal, Musk enfrenta un escenario inédito. Después de haber invertido cientos de millones en la campaña de Trump y haber sido uno de sus asesores más cercanos, ahora se ve obligado a defender su imperio empresarial frente a la amenaza de perder contratos gubernamentales clave, especialmente en sectores como la energía limpia y el espacio. La ruptura con Trump no sólo pone en riesgo su influencia política, sino también su modelo de negocio, que hasta ahora había dependido en buena medida del apoyo estatal y de los incentivos fiscales.

El pleito entre Musk y Trump no es sólo una batalla de egos: es un choque de intereses con ramificaciones profundas para la economía estadunidense, la industria tecnológica y el futuro de la transición energética. La pregunta ahora es si la ruptura será definitiva o si ambos encontrarán motivos para reconciliarse en el futuro. Mientras tanto, el mercado y la política siguen pendientes de cada movimiento de estos dos titanes.

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