Adrián Marcelo en tiempo de mujeres

En un momento histórico para México, en el que por primera vez una mujer, Claudia Sheinbaum, ha sido elegida como Presidenta de la República, y en el que mujeres encabezan todos los Poderes de la Unión, resulta inevitable preguntarnos por qué todavía seguimos ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

En un momento histórico para México, en el que por primera vez una mujer, Claudia Sheinbaum, ha sido elegida como Presidenta de la República, y en el que mujeres encabezan todos los Poderes de la Unión, resulta inevitable preguntarnos por qué todavía seguimos tolerando discursos machistas y misóginos en los medios de comunicación más vistos del país. La reciente participación de Adrián Marcelo en La Casa de los Famosos no sólo expuso el peor lado de un personaje incapaz de comprender el momento que vivimos, sino que también dejó al descubierto el enorme reto que enfrenta la televisión mexicana para entender los tiempos que corren, en México y en el mundo.

En medio de un país que ha hecho de la paridad de género una realidad tangible en los gabinetes y en el Poder Legislativo, donde los avances en derechos de las mujeres son aplaudidos y reconocidos en todo el mundo, Adrián Marcelo se paseó por la pantalla con un discurso de odio y un humor anacrónico que no sólo resulta políticamente inaceptable, sino profundamente tóxico. Su estancia en La Casa de los Famosos, el programa de entretenimiento más visto de la televisión mexicana, fue una muestra vergonzosa de cómo los medios pueden amplificar y normalizar posturas que deberían estar desterradas hace mucho.

Las posturas machistas, misóginas y ofensivas de Adrián Marcelo no sólo fueron un atentado contra la dignidad de las mujeres al interior de LCDLF y fuera de ella, sino un recordatorio de los prejuicios y estereotipos que muchos todavía se resisten a abandonar. En un país donde, por fin, las mujeres han logrado posiciones de poder, resulta inaudito que se le brinde un micrófono a alguien cuyo mensaje está impregnado de desprecio hacia ese avance. Y aún más que, para que los directivos de la televisora actuaran, fuera necesario que varios anunciantes se retiraran del programa. Es como si el respeto a las mujeres tuviera un precio, y sólo cuando éste afecta las finanzas, se toman decisiones que deberían ser obvias desde un inicio.

La salida de Adrián Marcelo de LCDLF no es un acto de censura, como algunos quieren pintarlo, sino una alineación con la responsabilidad que los medios de comunicación tenemos frente a las audiencias. En un México con tanta violencia feminicida, pero que sí avanza hacia la igualdad de género en todos sus sectores, es inaceptable que las plataformas de mayor alcance se presten a perpetuar un discurso que atenta contra esos logros y contra la dignidad de todas. No se trata de cancelar el humor ni la crítica, sino de comprender que las bromas que normalizan la violencia, el machismo, la homofobia y cualquier tipo de discriminación no tienen cabida en una sociedad que aspira a ser más justa y equitativa.

Las mesas de opinión política dominadas por hombres, las barras de entretenimiento repletas de conductores que se resisten a abandonar un humor de pastelazo y mal gusto que es del siglo pasado, y los programas que permiten que discursos de odio se presenten como simples “opiniones”, están condenados a la intrascendencia –en el mejor de los casos– y a la obsolescencia en el peor. La televisión y la radio mexicanas tienen que despertar y darse cuenta de que ya no pueden ignorar las nuevas expectativas de una audiencia que exige respeto, diversidad y representación real.

La salida de Adrián Marcelo debe ser vista como una advertencia para todos aquellos que todavía piensan que el machismo y la misoginia son temas de nuestra normalidad, de risa o de simple entretenimiento. No más misoginia, no más clasismo y al racismo disfrazados de humor, no más discriminación bajo la excusa de la libertad de expresión. Los medios tienen el poder de influir, para bien o para mal, en la percepción de millones de personas, y por eso deben estar a la altura de los nuevos tiempos y los nuevos temas.

 Es momento de que la televisión y la radio mexicanas dejen de ser cómplices de los discursos que frenan ese avance y se conviertan en verdaderas aliadas del cambio. No más odio, no más polarización; sólo una urgente reconciliación con los valores de respeto y equidad que, hoy más que nunca, México tendrá que procesar y abrazar porque sí, porque en todos sus terrenos, es tiempo de mujeres.

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