¡A volar! (o cuando los cielos se cierran)
El secretario de Transporte de EU, Sean Duffy, anunció la cancelación de 13 rutas aéreas de aerolíneas mexicanas hacia territorio estadunidense, asestando un duro golpe al AIFA y tensando aún más la ya delicada relación bilateral. La medida, presentada como respuesta ...
El secretario de Transporte de EU, Sean Duffy, anunció la cancelación de 13 rutas aéreas de aerolíneas mexicanas hacia territorio estadunidense, asestando un duro golpe al AIFA y tensando aún más la ya delicada relación bilateral. La medida, presentada como respuesta al “continuo incumplimiento” de México con el acuerdo bilateral de 2015, es una jugada geopolítica que pone de manifiesto las fricciones más profundas entre ambas naciones.
El conflicto tiene sus raíces en febrero de 2023, cuando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador publicó decretos para reducir las operaciones en el AICM de 61 a 44 vuelos por hora y trasladar los vuelos de carga al AIFA. La intención era descongestionar el aeropuerto capitalino y dar viabilidad al proyecto insignia de la 4T. Sin embargo, Duffy fue contundente: “Joe Biden y Pete Buttigieg fueron demasiado débiles para plantarle cara a México cuando pisotearon nuestro acuerdo bilateral de aviación”, dejando claro que la administración Trump busca marcar diferencias y enviar un mensaje de dureza.
La orden cancela todos los servicios combinados de pasajeros y carga entre EU y el AIFA, y congela cualquier expansión desde el AICM. Las aerolíneas afectadas son Aeroméxico, Volaris y VivaAerobus,con rutas hacia ciudades estratégicas como Houston, Dallas, Nueva York, Chicago, Miami y Los Ángeles.
Este diferendo tiene múltiples capas. El AIFA fue concebido como un símbolo de “soberanía y autonomía”, pero su promoción implicó decisiones unilaterales que Washington interpreta como hostiles. El acuerdo de 2015 estableció un régimen de “cielos abiertos” que permite a ambos países designar cualquier número de aerolíneas sin restricciones en frecuencias, capacidad o tipos de aeronaves. México, al reducir las operaciones y reubicar vuelos de carga, rompió ese equilibrio. La orden afecta conectividad justo cuando se aproxima el Mundial de Futbol 2026, un evento que requerirá máxima capacidad aérea entre ambos países.
Para salir del impasse, la presidenta Claudia Sheinbaum ya solicitó al canciller que se comunique con el secretario de Estado Marco Rubio para una reunión que incluya al secretario del DOT. Debe escalar el asunto presentando evidencia técnica de que las decisiones obedecieron a razones de seguridad operacional. Podría ofrecer un plan gradual para restaurar algunas franjas horarias en el AICM o flexibilizar las restricciones de carga, presentándolo como un “ajuste operacional” y no como capitulación. También podría llevar el caso ante la Organización de Aviación Civil Internacional como arbitraje neutral y presentar datos sobre las inversiones en el AIFA y su capacidad real.
EU, por su parte, mantendrá la presión mediante la amenaza de más cancelaciones. México tiene un plazo de 108 días para que implemente cambios. Washington propondrá mesas técnicas para revisar el cumplimiento del acuerdo de 2015 y podría usar la disputa aérea como moneda de cambio en negociaciones más amplias sobre comercio, migración o seguridad. En este pulso de voluntades, el escenario más verosímil es una negociación pragmática que termine en concesiones mutuas. México no puede permitirse una guerra aérea prolongada con EU, especialmente con el Mundial 2026 en el horizonte y una economía que depende críticamente del turismo y las remesas estadunidenses. EU no tiene interés en colapsar la conectividad binacional ni en empujar a México hacia posturas más nacionalistas.
Lo más probable es que México restaure gradualmente algunas operaciones en el AICM y flexibilice las restricciones de carga, mientras EU levanta algunas de las cancelaciones. El AIFA seguirá operando, pero con una arquitectura de vuelos más equilibrada. Como advirtió un analista, “lo que está en juego no son sólo 13 rutas, sino la calidad de la relación México-EU para los próximos años”. La aviación se ha convertido en un campo de batalla diplomático. Y en este juego de ajedrez en las alturas ni las turbulencias ni los aterrizajes forzosos benefician a nadie. La pelota está en el aire. Literalmente.
