San Pablito y los “gastos personales”

Siempre que sucede dicen lo mismo, que no volverá a suceder, pero sucede. Así ha ocurrido con Tultepec y su mercado tradicional, el más grande, de pirotecnia. El 5 de agosto, Juan Ignacio Rodarte, director del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, decía que el del San ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Siempre que sucede dicen lo mismo, que no volverá a suceder, pero sucede. Así ha ocurrido con Tultepec y su mercado tradicional, el más grande, de pirotecnia. El 5 de agosto, Juan Ignacio Rodarte, director del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, decía que el del San Pablito era el tianguis más seguro. Hace una semana, retomaba esta declaración en un comunicado donde anunciaba las expectativas de venta durante la temporada de fiestas decembrinas. Hasta el momento en que se escriben estas líneas, se cuentan 32 las personas que perdieron la vida en la explosión, aún no sabemos si accidental o provocada, del martes. 32 personas a quienes la vida se les apagó al compás del estallido.

Las autoridades a dirán lo mismo de siempre. Acaso pulirán sus frases gastadas o, como José Manzur, secretario de Gobierno del Edomex, darán muestra de su “compromiso” y tacto para tratar una tragedia como ésta. “No tenemos tiempo para eso…”, dijo Manzur cuando colegas le preguntaron sobre los avances de los peritajes que se han de realizar para conocer qué originó la explosión. Dijo que lo que les importa es auxiliar a los heridos y a los familiares de las personas que perdieron la vida, nos así la investigación de lo ocurrido. ¿Cómo? ¿No son, acaso, áreas distintas las que se encargan de dichas tareas?

Se le olvida al secretario de gobierno mexiquense que, tras un hecho como éste vale —y mucho— dar velocidad a las investigaciones y los peritajes. Importantísimo en este caso para saber en qué carajos se gastaron el presupuesto que recibió el IMP, de unos 18 millones 266 mil pesos. Bueno, en realidad, nos gustaría saber cómo se gastaron los poco menos de 5 millones que les quedaron, porque más del 70% del total de gastó en “servicios personales”. A lo mejor por ello el tianguis de cohetes “más seguro de Latinoamérica” no contaba con las herramientas para evitar una tragedia como ésta. ¿Qué se hará ahora para evitarlo? De entrada, remover y castigar a las autoridades responsables de que San Pablito no contara con la seguridad necesaria para el tipo de actividad que realiza. Urgir por una mejor regulación para la fabricación y comercialización de la pirotecnia. También apresurar que el IMP, ése al que han desfalcado su presupuesto con “gastos personales”, sea una dependencia con total transparencia. Esto es importante para las 240 familias, 1,590 artesanos, 379 vendedores, 21 almacenistas y 28 transportistas dedicados a la pirotecnia.

Ésa es la única alternativa. ¿Prohibir? ¿Cuándo la prohibición ha sido una estrategia efectiva? Eso es un acto torpe de evasión y generación de mercados negros. En cambio, la industria de fuegos artificiales es el sustento de casi el 80% de las familias que habitan el municipio de Tultepec. Y debemos decir que este territorio mexiquense está considerado por el Coneval como una zona con grandes índices de rezago: el 47.5% de sus habitantes se encuentra en situación de pobreza, el 69.1% vive por debajo de la línea de bienestar (es decir, que vive con menos de mil 355 pesos al mes), el 78.4% tiene al menos una carencia y el 49%, prácticamente la mitad, no tiene acceso a algún servicio de salud ni al Seguro Popular.

Aun sabiendo esto, ¿las autoridades no creen que vale la pena aclarar lo más pronto posible lo sucedido? ¿Volverán a levantar el mercado, tal vez en otro sitio, y con eso cerrar un caso como este? Y mientras eso sucede, ¿de qué vivirán las familias que en la explosión no sólo perdieron su puesto de ventas, sino a un familiar? ¿Le apostarán a que se olvide hasta que vuelva a estallar? En Berlín 12 personas mueren a manos de un terrorista. En Tultepec, 32 por negligencia y/o corrupción. No son situaciones comparables, la muerte es la muerte donde sea. Sólo que uno de estos dos infiernos era previsible.

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