La falsa herramienta

En México, casi la mitad de las mujeres mexicanas de más de 15 años han sufrido algún tipo de violencia durante su última relación.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

“...Y si cedes una vez, yo no lo sabía, ya cedes siempre; unas veces es por amor; otras porque te sientes insegura; y otras porque tienes miedo. En general es por los tres motivos a un tiempo, si es que los tres no son la misma cosa...”.

Un pequeño fragmento de Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo (Tusquets, 2011), pasaje oportuno si pensamos en las razones de la conmemoración del día de ayer: la lucha por la eliminación de la violencia a la mujer. Y es que en la historia del libro, escrito con todos los permisos literarios posibles para que un absurdo se entienda posible y cale como si fuera real, un hombre evidentemente loco, tiene tal poder sobre su esposa que la trata como si fuera una mascota. Tal cual, a tal grado que la obliga a dormir en el jardín y a comer de un platón en el que escribe su nombre. La mujer, como se lee en la frase, cedió hasta que ya no pudo más.

La razones de la violencia que sufre la mujer alrededor del mundo siempre serán motivo para la reflexión. Y es que son tantas y tan distintas según el lugar del mundo, porque hay donde es mero motivo religioso, el que obliga a que la mujer sea tratada como ciudadanas de segunda. Y sí, eso, claro que también es violencia.

En México, según la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, realizada en 2011, casi la mitad de las mujeres mexicanas de más de 15 años han sufrido algún tipo de violencia durante su última relación, ya sea que haya terminado o siga en curso. La cifra más precisa es  47%, en donde se reparten los tipos de agresiones: emocional, económica, física o sexual.

La violencia más recurrente es la emocional, representa 43.1%; luego viene la económica 24.5%; después la agresión física, pues la padecen 14% de las mujeres de más de 15 años; y finalmente el abuso sexual, presente en 7.3% de las parejas.

Imposible decir cuál de estas agresiones es la más violenta, porque todas dejan secuelas. Todas van obstaculizando la convivencia y el desarrollo de la mujer que la padece. Y todo gracias a amores que de inolvidables pasan a lo inefable.

Además de estas cifras, se suman otra más que hacen que el problema de violencia sea mucho más grave. ¿Cómo hacerle frente si muy pocos casos son denunciados? Según la misma encuesta, sólo 13.6 % que sufren algún tipo de violencia, recurren a una autoridad, ya sea al Ministerio Público, DIF o instituciones dedicadas a la protección de los derechos de la mujer.

Por las razones que sean, pero lo cierto es que la violencia de género, que no sólo se dan en relaciones  de pareja —22.6% de las mujeres, padece algún tipo de agresión, abuso y discriminación en ambientes laborales— es uno de los problemas más graves que genera cifras aún peores: según un informe realizado y presentado hace un par de semanas, por las premio Nobel Jody William y Rigoberta Menchú, se cuenta que en  México los feminicidios han aumentado 40% desde 2006.

Entonces, ya hablamos de muertes... para entender la gravedad del problema y la razón de esta conmemoración.

Orejudo narra una historia llevada al absurdo, pero que guardando proporciones fuera de la metáfora, ocurre. Pero el patrón de sumisión no es causa, sería acaso (y no siempre), parte del patrón. El punto importante es la agresión y sus razones: ¿Una autoestima lacerada? ¿Miedos? ¿Patología? ¿Sentimientos mal entendidos? ¿O simple patanería? Y es que decimos en este tema que se atiende a las víctimas, pero se debe poner el ojo en los agresores, que son quienes utilizan la violencia como herramienta de control.

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