RIESGOS DE LA IA
El desarrollo de la inteligencia artificial atraviesa un punto de inflexión donde la fascinación inicial ha dado paso a un sentido de prudencia. En una primera etapa, las grandes empresas tecnológicas nos presentaron estas herramientas como la panacea absoluta capaz de resolver de forma casi mágica los problemas operativos, creativos y analíticos de la sociedad. Sin embargo, en un giro paradójico, son estas mismas multinacionales y diversos sectores productivos los que hoy encabezan los llamados de alerta sobre los riesgos inherentes a su uso. Esta advertencia no surge de un escenario apocalíptico de ciencia ficción al estilo de Terminator donde las máquinas cobran conciencia y dominan la humanidad, sino de la necesidad de regular una tecnología con un alcance sin precedentes para evitar que sea desviada hacia fines delictivos, como la suplantación de identidad, la desinformación masiva, el fraude financiero o el cibercrimen.
Dado que prácticamente todos los sectores incorporan la IA en sus actividades cotidianas, la responsabilidad individual se vuelve un factor determinante. Si bien la tecnología es valiosa cuando se utiliza de manera ética y profesional como una herramienta para optimizar tareas laborales, analizar datos o mejorar el flujo de trabajo, existe una creciente preocupación por el uso desmedido en el ámbito personal. A mí me resulta alarmante observar cómo un número cada vez mayor de personas opta por emplear a la IA como sustituto de un psicólogo. Confiar la salud mental y el bienestar emocional a un algoritmo que carece de empatía real, de criterio clínico y de comprensión del contexto humano expone a los usuarios a diagnósticos erróneos y a una contención emocional deficiente, olvidando que la IA sólo procesan patrones de texto y no sustituyen el acompañamiento profesional calificado.
Frente a esto, la autoregulación personal y la creación de marcos normativos claros deben avanzar de forma paralela. Las empresas de tecnología tienen el deber ético de establecer filtros de seguridad robustos, pero nos corresponde a la sociedad y a las instituciones definir el destino de estas herramientas. La IA debe mantenerse como un instrumento de apoyo que potencie el desarrollo humano, la productividad y el conocimiento, sin vulnerar la seguridad colectiva ni desplazar el juicio, la ética y la atención médica especializada que sólo la interacción humana puede ofrecer.
SAMANTA PULIDO
CIUDAD DE MÉXICO
