Los retos del 2016
¿En qué debe enfocarse cada entidad de México para poder dar más y mejores condiciones de vida a sus ciudadanos en 2016? Cada uno en diferentes aspectos que aquí discuto. Es de mañana. Pienso en el año que comienza. Mi meta para 2016 es una: tratar de ser la mejor versión de mí misma. No perfecta. No sin errores. Sólo mi mejor versión. Seguramente, me equivocaré, como lo hago, pero lo haré tratando de ser la mejor versión de mí, una versión de la que me sienta orgullosa.
La que dé más a los que le rodean, la que trate de mejorarse cada día.
Qué sucedería, pensé, si ese mismo ejercicio lo hiciéramos para el país completo. Si identificáramos con un ejercicio cuantitativo qué podría hacer cada estado para, dentro de sus capacidades y con metas alcanzables, ser una mejor versión de sí mismo.
Lo hice. Estos son los resultados.
Para ser una mejor versión de sí mismos en 2016, los estados del norte tendrían que reducir su deuda pública y mejorar sus condiciones de seguridad. La deuda pública de Chihuahua (8.6% de su PIB) es la más grande del país. Por su parte, Coahuila y Sonora tienen deudas superiores al promedio nacional (6.5% y 4.2%) que no lograron disminuir significativamente. La deuda de Nuevo León disminuyó en 2015, pero sigue siendo de 5%, bastante elevada. Por otro lado, Tamaulipas y Baja California tienen problemas de inseguridad. Baja California es el estado con mayor robo de auto del país (136 autos por cada 10 mil registrados), muy superior a los 41 autos robados a nivel nacional. Tamaulipas, si bien tiene una tasa de sólo 64, el problema es que la ha aumentado en 10% en 12 meses.
Para ser una mejor versión de sí mismos en 2016, los estados del Bajío
deben entender que crecer económicamente no es suficiente si no se diversifican y reducen su pobreza. Aguascalientes y Zacatecas son estados que crecen mucho, pero lo hacen dependiendo peligrosamente de sólo una industria, el primero de la automotriz y el segundo de la minera. Guanajuato, a pesar de ser el segundo estado que más crece (8.8% promedio en el primer semestre de 2015), es el séptimo estado que más ha aumentado su pobreza laboral. San Luis Potosí y Jalisco son el cuarto y sexto. De hecho, de acuerdo con datos oficiales del ITLP-IS del Coneval, en el último año (hasta el tercer trimestre de 2015), Guerrero, Oaxaca y Veracruz han reducido más su pobreza laboral que Guanajuato, San Luis Potosí y Zacatecas.
Para ser una mejor versión de sí mismos, los estados dominantemente turísticos y petroleros deben tomar medidas para que sus gobiernos estatales no se conviertan en los únicos empleadores que existen fuera de dichas industrias dominantes. Fuera del turismo, la gran mayoría de los empleados formales de Colima, Yucatán, Baja California Sur y Quintana Roo, son empleados del gobierno estatal. Lo mismo sucede con Campeche y Tabasco, fuera de la industria petrolera. En Campeche, nueve de cada 100 empelados formales trabajan para el gobierno del estado, en Tabasco, ocho. Colima, BCS y Quintana Roo tienen a más de 5% de sus trabajadores dependiendo del gobierno para obtener un empleo. La situación del gobierno estatal de Quintana Roo es, particularmente, preocupante porque no sólo emplea a 5.2% de las personas de la entidad, sino que también es el segundo estado más endeudado del país (8.3% del PIB).
Para ser una mejor versión de sí mismos, los estados del centro deberán encontrar una forma de incrementar la generación de empleo formal. En lo que va de 2015, Nayarit y Morelos sólo han creado 47% del empleo formal que necesita. Puebla e Hidalgo generan la mitad, y tienen a más de 67% de sus trabajadores laborando en la informalidad.
Finalmente, para ser una mejor versión de sí mismos, las entidades con grandes ciudades (DF, el Estado de México y Nuevo León) deben encontrar formas para disminuir la desigualdad. El DF es un ejemplo en la reducción de la pobreza, pero es cada vez menos igualitario en la distribución de su riqueza.
El reto de 2016 no es uno para el país, son 32 y cada entidad debe hacerse responsable.
