FCE: renovación o suicidio
Creo firmemente que el sello público necesita un capitán de tiempo completo. Paco Ignacio Taibo II no lo será, de eso sí estoy seguro
No hay lugar para medias tintas: o Paco Ignacio Taibo II hará un magnífico papel al frente del Fondo de Cultura Económica (FCE) o lo llevará al desbarrancadero. Apenas, el viernes, el escritor mexicano aceptó el encargo de dirigir la editorial del Estado mexicano y las redes sociales se establecieron en las antípodas. En una esquina están los opinadores (multitemáticos) que muestran su cabal desprecio hacia el narrador: que si es un radical rojillo que sólo publicará a sus cuates y marginará a sus enemigos, y que en sus manos el sello de 84 años de vida fenecerá irremediablemente. En la otra están los opinadores (multitemáticos) que están convencidos de que Taibo le dará un giro total, y para bien, a la “política institucional del libro”. Para los primeros es prácticamente un troglodita. Para los segundos, el prolífico autor tiene todas las posibilidades de convertirse en un renovador institucional. Y eso que todavía no recibe las llaves del despacho del séptimo piso del edificio de Picacho-Ajusco 227.
Yo, por mi parte, y sin que nadie haya pedido mi opinión, considero que el FCE es un sello que necesita en el timón a un verdadero profesional de la edición. Alguien que no sólo sepa tratar con autores (o con los egos de los autores), que sepa de tipografías y gramajes y tipos de papel, de tintas y procesos de impresión; que domine el ámbito de los derechos autorales (incluso en la web) y que tenga perfectamente claro que una de las claves del mundo del libro es la cadena de distribución, es decir, poner los libros al alcance de los lectores en la mayor cantidad posible de puntos de venta. Esas y otras capacidades debe poseerlas cualquier editor de libros en cualquier parte del mundo.
Pero, por si hiciera falta aclararlo, el FCE tiene ciertas características que lo convierten en un ente singular en ese planeta llamado “industria editorial”, pues, además de ser un sello que edita, produce y vende libros (no sólo los de su amplio y reconocido catálogo, hay que decirlo), también es una dependencia pública adscrita a la Secretaría de Educación Pública y opera muchas librerías dentro y fuera de México (de hecho, la número 35 será inaugurada este mes en Aguascalientes y llevará el nombre de la poeta Dolores Castro). Otra de sus características es que mantiene sus actividades gracias a un presupuesto anual que ronda los 400 millones de pesos (la mitad del erario y la otra mitad de recursos autogenerados).
Por si fuera poco, el sello paraestatal fundado por Daniel Cosío Villegas –y que han dirigido economistas, politólogos, escritores, expresidentes de la República y, sí, incluso editores– tiene una “característica” extra: no obstante formar parte del Estado mexicano, la editorial llamada FCE “también” es una empresa que, como tal, se adhiere a las reglas del mercado librero, en cuyo glosario esencial cobran sentido conceptos como nómina, ingresos, deudas, pagos, inversión, pérdidas, ganancias, etcétera.
Yo estoy convencido de que Paco Ignacio –el único con trascendencia literaria de la familia Taibo– tiene muy claro lo anterior. No obstante, en donde veo el lío real es en la operación diaria de esa compleja maquinaria que es el FCE. Y si de imaginarse se trata –tal como prevén esplendores o derrotas los tirios y los troyanos que ya se han manifestado–, yo francamente no imagino al autor de Días de combate (magnífica novela, por cierto) rindiéndole cuentas trimestrales a Esteban Moctezuma Barragán (próximo titular de la SEP), o encabezando a un minúsculo ejército de editores emplazados en la Feria del Libro de Frankfurt para negociar derechos de autor regados por el mundo o, de plano, cuadrando las agendas de los intelectuales, economistas, historiadores, politólogos, científicos, filósofos y escritores que integran cada comité editorial y que son los que se encargan, de tanto en tanto, de proponer nuevos títulos o reediciones en largas jornadas de trabajo y discusión (¡ahí no podrá fumar!). Tampoco me lo imagino –es más, ya lo advirtió en un video la medianoche del jueves– dejando a un lado, ni temporalmente, su labor como autor.
En el cuadrilátero en donde sí imagino a Paco Ignacio Taibo II es en el de la obtención de recursos, pues ha demostrado de sobra lo buen gestor que es: entre otras cosas, fundó la ya célebre Semana Negra de Gijón, creó la muy conocida Brigada Para Leer en Libertad y es uno de los pilares de la Feria del Libro del Zócalo (cuya edición 18, por cierto, arrancará el próximo viernes).
Ignoro si esté siendo exagerado o no –en una de esas hasta sensato–, pero el FCE importa, pues el sello mexicano opera con presupuesto público y a todos los contribuyentes –sobre todo a los interesados en esa cosa rara llamada cultura– debería interesarnos en qué se ejercen los recursos de esa joya cultural de nuestro país y de Iberoamérica. Y como importa el FCE, creo firmemente que el sello necesita un capitán de tiempo completo. Paco Ignacio Taibo II no lo será, de eso sí estoy seguro. Y ya en el colmo del plano imaginario, me atrevo a formular una predicción: al frente del FCE, el creador del detective Héctor Belascoarán Shayne se pegará la aburrida de su vida.
