Un largo pretérito literario
Recién salió a la luz la colección editorial Clásicos Mexicanos, una colaboración entre el sello Penguin Random House y la UNAM
La Generación del 27, aseguró en lectura pública en Estocolmo hace justo cuatro décadas el poeta español Vicente Aleixandre, “no quiso desdeñar nada de lo mucho que seguía vivo en ese largo pretérito, abierto de pronto ante nuestra mirada como un largo relámpago de ininterrumpida belleza”. Ese largo y resplandeciente pretérito hacía alusión a la literatura española que precedía a sus compinches generacionales, desde los clásicos del llamado Siglo de Oro hasta la pléyade inmediata anterior a los del 27: la llamada Generación del 98.
En su discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, en 1977, el bardo sevillano fallecido en 1984 afirmaba que esa generación —la suya, instaladísima en el siglo XX— “tendía a la afirmación y al entusiasmo, no al escepticismo ni a la taciturna reticencia. Nos interesó vivamente todo cuanto tenía valor, sin importarnos donde éste se hallase. Y si fuimos revolucionarios, si lo pudimos ser, fue porque antes habíamos amado y absorbido incluso aquellos valores contra los que ahora íbamos a reaccionar. Nos apoyábamos fuertemente en ellos para poder así tomar impulso y lanzarnos hacia adelante en brinco temeroso al asalto de nuestro destino”. Y remataba el autor del luminoso poemario Espadas como labios: “No os asombre, pues, que un poeta que empezó siendo superrealista haga hoy la apología de la tradición. Tradición y revolución. He ahí dos palabras idénticas”.
Esa defensa de la tradición literaria española emprendida por el revolucionario Aleixandre viene a cuento en este lado del Atlántico —y 40 años después— por una razón, también literaria, que a este esforzado lector le gustaría destacar. En la semana que acaba de pasar fue por fin presentada en la Ciudad de México una singular colección editorial que comenzó a germinar en 2015 y cuyo propósito es rescatar una parte de la tradición literaria de nuestro país y que es producto de una plausible suma de esfuerzos. Se trata del lanzamiento de la serie Clásicos Mexicanos que el sello trasnacional Penguin Random House ha echado a andar con la complicidad del Seminario de Edición Crítica de Textos del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM (seminario que, por cierto, está cumpliendo una década de haber nacido como grupo de trabajo).
Este proyecto, comenta la parte universitaria, “conjunta dos intereses: por una parte, el de Penguin, por ofrecer a un público internacional ediciones ‘de autor’ hechas con el mayor rigor académico en cuanto a la fijación de los textos, con notas breves y accesibles al gran público. Por la otra, el del Seminario de Edición Crítica de cumplir con la encomienda universitaria de difundir el trabajo de rescate de obras de escritores mexicanos a partir de investigaciones efectuadas en archivos, bibliotecas y, fundamentalmente, en hemerotecas que resguardan el patrimonio cultural de nuestro país”.
De esta manera, sale al mercado editorial una primera decena de títulos cuya prioridad consiste en entregar al lector “la edición
óptima de cada una de las obras escogidas”. Se incluye a Manuel Gutiérrez Nájera (Cuentos frágiles y Por donde se sube al Cielo, bajo la edición de Belem Clark de Lara y Alicia Bustos), Amado Nervo (El bachiller, El donador de almas y Mencía y sus mejores cuentos, al cuidado de Gustavo Jiménez), José Tomás de Cuéllar (Historia de Chucho el Ninfo y Los fuereños, también bajo el cuidado de Clark de Lara y Ana Laura Zavala), Manuel Payno (El hombre de la situación, cuya edición llevó a cabo Yliana Rodríguez) e Ignacio Manuel Altamirano (La Navidad en las montañas y El Zarco, edición a cargo de la doctora Luz América Viveros).
Completan la serie Sor Juana Inés de la Cruz (Ecos de mi pluma, antología de prosa y verso, edición de Martha Lilia Tenorio), Guillermo Prieto (Vida cotidiana y crónicas viajeras, bajo el cuidado editorial de Lilia Vieyra), una nueva traducción del Popol Vuh (a cargo de Michela Craveri y edición de Laura E. Sotelo), Ángel de Campo (La Rumba, bajo el amparo en la edición de Yliana Rodríguez) y Juan Ruiz de Alarcón (La verdad sospechosa, Las paredes oyen y El tejedor de Segovia, a cargo de Germán Viveros).
Ojalá el brillante pretérito de la literatura mexicana, representado en esta ocasión por estos diez autores canónicos, sobreviva, perdure y trascienda. Hoy, gracias a esta colección que da lustre y renueva a algunos clásicos mexicanos —y que gozará de una inmejorable distribución en el mercado librero gracias al músculo editorial de Penguin— la defensa de la tradición que hizo Aleixandre tiene más pertinencia que nunca.
Estribo y cuenta
Según una nota publicada ayer en estas páginas por Luis Carlos Sánchez, tras el sismo del jueves los daños más severos sobre el patrimonio cultural de Oaxaca ocurrieron en los templos religiosos de la zona del Istmo de Tehuantepec, en el Teatro Macedonio Alcalá y en la Catedral de la capital oaxaqueña; también en el exconvento de Santo Domingo, templo de San Sebastián en Tehuantepec y la iglesia de San Vicente Ferrer, en Juchitán. Aunque los inmuebles no están en riesgo de colapso, los daños no son menores, lo que requerirá atención inmediata y recursos públicos extra para su óptimo mantenimiento.
