Redescubriendo a Rafael Solana

Este miércoles se cumplen 25 años de la muerte del autor mexicano

Hombre de muchos talentos asociados a la creación literaria y a la confección de textos periodísticos; también cosmopolita y melómano insigne. Todo eso era Rafael Solana y de él se seguirá hablando a partir del encomio a su obra.

De hecho, si la memoria no le falla a este esforzado redactor, hace un par de años en estas mismas páginas el escritor René Avilés Fabila (1940-2016) destacaba en su columna semanal no sólo el privilegiado oído musical de Solana, sino además su gran espíritu de divulgación en ese mismo ámbito: “(El libro) Oyendo a Verdi es un apasionado estudio donde hace un recorrido por su vida y sus más importantes obras. Allí encontramos al Verdi artista: un compositor italiano analizado por un escritor mexicano, ópera tras ópera, brillantemente, con una cultura y conocimiento musical que asombra. El creador y su innegable vocación musical. El arrebato de Solana por la ópera y en especial por Verdi lo llevó a salir de sus terrenos fundamentales, la prosa narrativa y la dramaturgia, para introducirse de lleno en el campo operístico”. Y remataba Avilés con contundencia, pero también con un dejo de amargura: “Y no olvidemos que Solana fue el alma de la generación Taller (Paz, Solana y Huerta). Pero al nacer en 1915, no lo incluyeron en los festejos centenarios de Paz, Revueltas y Huerta. Es momento de reparar la omisión”. Efectivamente, Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas nacieron en 1914 y hace tres años se conmemoró su siglo del natalicio.

Pienso que esa omisión señalada por Avilés se reparó, de algún modo, con la publicación de la antología Mil nombres propios. En las planas de El Universal (Conaculta/FCE, edición, selección y prólogo de Claudio R. Delgado), pues este libro de 2015 forma parte indiscutible de esa búsqueda por conjurar el olvido al que fue sometido Solana por cometer “el pecado” de no nacer un año antes.

Ahora bien, ¿por qué este letrado nacido en 1915 y fallecido en 1992 es tan poco publicado ahora? La respuesta se torna compleja si consideramos que Solana gozó de un notable prestigio intelectual gracias a sus diversos y profundos saberes. Gracias a ello, tuvo acceso a los más importantes sellos editoriales en México y en el extranjero, en español y en traducciones; y aún más: ejerció desde la trinchera del periodismo y la crítica musical una decidida influencia en ambos sectores.

Lo anterior podría deberse a que vivimos “los nuevos tiempos”, que son veloces, caducan rápido, y ese vértigo debilita las modas literarias. O quizá valga la pena aventurar otra hipótesis: simplemente dejó de publicarse tras su muerte por alguna decisión fuera del alcance de los posibles editores.

Sea cual fuese la respuesta, el hecho es que sí existe una brecha gigantesca entre la obra de Solana y los “nuevos” lectores, una brecha que intenta cerrarse con esta antología. Esta edición supone un esfuerzo extraordinario para que la obra de este distinguido narrador, admirable dramaturgo, eminente melómano e influyente periodista sea conocida y revalorada, en vista de que el redescubrimiento de un autor tan talentoso puede convertirse en el mejor pretexto para sacarlo de la penumbra editorial en la que estaba escondido.

El próximo miércoles se cumple un cuarto de siglo de la muerte de Solana. Creo que esa conmemoración es el pretexto ideal para elogiar el trabajo tanto de los sellos editoriales que publicaron al alimón esta antología como el del antologador y editor, que concentra su texto de presentación en la faceta periodística de Solana (una faceta que arrancó siendo un adolescente).

Para Claudio R. Delgado “el periodismo fue la raíz y el tronco de la existencia de Rafael Solana”. Si de los 77 años que vivió Solana, 63 se los dedicó a la actividad periodística, entonces estamos hablando de que, independientemente de sus otras facetas creativas, esta labor cotidiana “para entregar puntualmente su colaboración a los cerca de veinte diarios y revistas en los que escribió” fue el centro de su vida.

Pero, ¿cuál fue la aportación contante y sonante de Rafael Solana desde su faro periodístico? El propio Delgado nos lo informa: “Su creación periodística fue prolífica y sorprendente; era un diarista con una ubicuidad extraordinaria; en sus más de sesenta años dentro del medio dejó escritas miles y miles de cuartillas. El propio Solana afirmó que, al celebrar sus primeros treinta años de vida como periodista ya había escrito cerca de cincuenta mil cuartillas”. ¿Y sus temas? Iban de la creación de literatura para niños hasta la crónica taurina o la crítica teatral.

Gracias a este libro, los lectores tienen hoy la oportunidad de descubir o redescubrir el gigantesco ventanal cultural que, con su pluma, construyó ese gran escritor que fue Rafael Solana.

estribo y cuenta

Desde hace poco más de dos meses se informó sobre la aparición en formato de novela gráfica de El complot mongol, de Rafael Bernal (1915-1972). Esa versión ilustrada estuvo a cargo de Luis Humberto Crosthwaite y Ricardo Peláez. Resulta al menos inusual que hasta hoy esa maravilla coeditada entre Planeta y el FCE no haya aparecido en las mesas de novedades. ¿Qué complot habrá?

la ronda de la casa

Mañana en Guadalajara se dará a conocer el nombre del ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. Lanzo, como apuesta, mi terna personal: el galardón se lo podría llevar Darío, Jaramillo o Agudelo.

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