El regreso de la piñata favorita
Las imágenes exhibidas, por desgracia, tardarán mucho tiempo en olvidarse...

Víctor Beltri
Nadando entre tiburones
Las noticias comenzaron a circular desde la mañana, por redes sociales, hasta que llegaron a los medios locales. Un operativo en Jalisco, vehículos incendiados, narcobloqueos que empezaban a multiplicarse: en cuestión de unas cuantas horas, la atención del mundo entero se enfocaba en lo que en aquellos momentos sucedía en México. Imágenes que, por desgracia, tardarán mucho tiempo en olvidarse.
El abatimiento del Mencho fue producto tanto de un operativo planeado de manera cuidadosa como de una cooperación exitosa con los EEUU: lo que pasó después, sin embargo, no hizo sino poner de manifiesto la vulnerabilidad de una ciudadanía cuyas autoridades no son capaces de sofocar el ataque frontal de un enemigo interno. Los bloqueos se extendieron a lo largo del territorio nacional, sin que las fuerzas del orden pudieran detenerlos: el transporte público se interrumpió, los negocios cerraron sus puertas, la población en general desistió de atreverse a poner un pie en la calle. El día de ayer nuestro país fue víctima, por primera vez en su historia, de un acto terrorista generalizado.
Un acto terrorista que altera, por completo, el panorama. La política de abrazos y no balazos, impulsada por la administración anterior, convirtió a México en un país en el que las atrocidades terminaron por volverse parte de lo cotidiano: los sucesos del 22 de febrero, sin embargo, representan un parteaguas que marcará el futuro para muchas generaciones. Los sondeos realizados por el propio gobierno han revelado la incertidumbre que vive la población, a pesar de las cifras alegres con las que se pretende convencerle de la reducción en los delitos más peligrosos: recuperar una confianza que nunca se tuvo por completo, sobre todo después del miedo generado por los narcobloqueos, parece ser una misión imposible.
Una misión inalcanzable, por decir lo menos, en sólo 109 días. El operativo bilateral fue un golpe demoledor a la estructura de la que probablemente sea la mayor organización criminal del mundo, pero la respuesta del cártel impactó de manera directa en la línea de flotación de un gobierno que necesita credibilidad de manera urgente. El Campeonato Mundial de Futbol se aproxima sin que existan en nuestro país las condiciones necesarias para llevarle a cabo: el Estado mexicano, en los hechos, no ha resultado siquiera capaz de brindar la seguridad más elemental a su propia ciudadanía. El mensaje, sin duda, se escuchó en todo el mundo
Un mensaje fatal, sobre todo cuando el gobierno de México está a punto de negociar la relación comercial de nuestro país con un vecino cruel y ambicioso a quien lo mueve la sed de venganza. El presidente norteamericano sabe bien lo que se jugará en las elecciones intermedias, así como los riesgos que implican para sus planes el caso Epstein: en un contexto así, el fallo de la Suprema Corte norteamericana en contra de los aranceles con los que pretendía controlar al mundo no lo convierten sino en un personaje aún más peligroso para nuestro país. Trump, tras los narcobloqueos, no dudará en convertir a México —de nuevo— en su piñata favorita.
Las noticias comenzaron a circular el domingo por la mañana; las imágenes exhibidas, por desgracia, tardarán mucho tiempo en olvidarse. Los narcobloqueos no tuvieron otra intención que la de sembrar el pánico entre la población y demostrarle al mundo quién manda a uno y otro lado del Río Bravo: Andrés Manuel pudo no haber creado al monstruo que atacó a México el domingo 22 de febrero, pero en cambio fue, sin duda alguna, quien lo dejó crecer entre guiños, violencia, impunidad, huachicol y muchos —muchos— abrazos.