María Corina y el jaque al Foro de Sao Paulo
A mis hijas, con esperanza. El tablero de la geopolítica se mueve con su propia cadencia. Tienen razón los simpatizantes del llamado “Socialismo del siglo XXI” en alarmarse con la designación de María Corina Machado como acreedora al ...
A mis hijas, con esperanza.
El tablero de la geopolítica se mueve con su propia cadencia. Tienen razón los simpatizantes del llamado “Socialismo del siglo XXI” en alarmarse con la designación de María Corina Machado como acreedora al Premio Nobel de la Paz: el mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa, y en poco tiempo la realidad de la región habrá de ser otra completamente distinta.
La noticia, por sí sola, sacudió a la escena internacional. Más allá de la supuesta derrota del presidente norteamericano —quien había expresado con vehemencia que se sentía merecedor a obtenerlo—, la respuesta de quienes se asumen como el “sur global” no fue sino un rosario de mezquindades y amarguras que, sin embargo, resulta comprensible: el reconocimiento a la “incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha en favor de una transición justa y pacífica de la dictadura hacia la democracia” los ha convertido, en un instante, en aliados del enemigo de la democracia. En los aliados, culposos, de un dictador.
“La democracia constituye una condición esencial para una paz duradera”, asienta el comité noruego en un comunicado de prensa que terminaría por describir a los aliados de Maduro de cuerpo entero. “Sin embargo, vivimos en un mundo en el que la democracia se encuentra en retroceso y donde cada vez más regímenes autoritarios desafían las normas fundamentales y recurren a la violencia. Aferrarse al poder y oprimir al pueblo no es un fenómeno exclusivo de Venezuela; es el reflejo de una tendencia global: el uso abusivo del Estado de derecho, el silenciamiento de los medios de comunicación libres, el encarcelamiento de voces críticas y el desplazamiento de las sociedades hacia formas más autoritarias y militarizadas”.
Comete un error quien crea que el objetivo del presidente norteamericano se limitaba a la obtención de un premio internacional, por muy prestigioso que sea: las acciones efectivas en contra de las organizaciones denominadas por él mismo como terroristas, así como el despliegue de fuerzas militares en una zona estratégica para el control de la región, dejan de manifiesto metas mucho más ambiciosas. El enemigo de EU no es Nicolás Maduro, ni mucho menos Venezuela o el propio Cártel de los Soles, a pesar de su probada actividad delictiva: el enemigo real es el Foro de Sao Paulo, y en ese sentido el dictador venezolano no es más que uno de sus alfiles. Un alfil muy poderoso, cuya caída terminará por poner en jaque a la organización populista creada por Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva.
El mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa; el tablero de la geopolítica se mueve con su propia cadencia, y las piezas se están colocando en su sitio. El anuncio del Premio Nobel ha marcado una línea muy clara entre los enemigos de la democracia y los ciudadanos comprometidos: “A lo largo de su historia, el Comité Noruego del Nobel ha rendido homenaje a mujeres y hombres valientes que se han enfrentado a la represión, que han llevado la esperanza de la libertad tanto a las celdas de las prisiones como a las calles y plazas, y que han demostrado que la resistencia pacífica puede transformar el mundo”.
El régimen de Maduro no será el único en desaparecer: a su caída habrán de sucederle, en poco tiempo, aquellas de los gobiernos aliados de la dictadura que han solapado sus atrocidades durante más de veinte años. Tienen razón en estar alarmados, sin duda alguna: “Cuando el autoritarismo se adueña del poder, resulta esencial reconocer a los valientes defensores de la libertad: a quienes se alzan y resisten. La democracia depende de hombres y mujeres que se niegan a ser silenciados, que se atreven a dar un paso al frente aun cuando el precio sea elevado, y que nos recuerdan que la libertad jamás debe darse por sentada, sino que debe ser defendida con palabras, con valor y con determinación”. En unos cuantos años, no serán sino un mal recuerdo.
