Como gallina sin cabeza

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

La oposición mexicana hace política como gallina sin cabeza. Apresurada en sus actos, sin estrategia ni visión a largo plazo, presta para reaccionar ante cualquier estímulo externo aunque le distraiga de los objetivos que estaba a punto de conseguir. La controversia de la semana pasada, en el contexto de la visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, es la muestra palpable de una oposición que navega sin rumbo alguno.  

La mesa estaba prácticamente servida para los opositores a la 4T, tras las acusaciones de la administración trumpista en contra de quien quizá sea su gobernador más emblemático, a la par de ser amigo personal de AMLO. El discurso era claro, el caso estaba prácticamente armado para la oposición y la opinión pública era favorable para lo que se perfilaba como un escándalo capaz de sacudir las entrañas mismas de la supuesta legitimidad moral obradorista. La Presidenta se encontraba entre la espada y la pared, como trató de desmentir con nerviosismo en alguna conferencia mañanera; el gobierno parecía asfixiarse entre el discurso que correspondía al momento y la defensa de la administración anterior, hasta que le llegó el aire fresco que le brindó la visita de Isabel Díaz Ayuso. 

La presidenta de la Comunidad de Madrid es una oportunista política, carente de visión estratégica que rebase la medición cotidiana de sus propios índices de popularidad. Escandalosa, mediática, polarizante. Una mujer imprudente —tanto, al menos como los organizadores de su periplo— que consideró oportuna su intervención disruptiva en el momento menos adecuado no sólo para nuestro país sino para sus propios intereses: en aquellos momentos, la opinión pública nacional se ocupaba de asuntos más importantes que las declaraciones de una figura política de medio pelo que, al final, terminó demostrando su talante al salir de nuestro país con la cola entre las patas. El oficialismo, sin embargo, respiró con gusto cuando los exabruptos de la madrileña distrajeron a la opinión pública de la crisis política más profunda que ha vivido nuestro país en las últimas décadas.

La oposición mexicana hace política como una gallina sin cabeza. La solicitud de extradición de los diez de Sinaloa sigue estando pendiente, y mientras tanto Rubén Rocha Moya parece haberse esfumado de la faz de la tierra; la renegociación del acuerdo comercial que definirá nuestro futuro tendrá lugar en menos de dos meses, y la presión norteamericana ha comenzado a incrementarse día con día. El país necesita una discusión seria que aborde no sólo la tempestad que atravesamos, sino el rumbo mismo del navío; quienes se asumen como opositores, en estas circunstancias, vieron más oportuno darle lustre a una oportunista extranjera y distraer a la opinión pública en un momento crucial. El gobierno ganó un argumento más para envolverse en la bandera del nacionalismo, y quienes participaron en el homenaje no lograron más que mostrar su poco afilado colmillo político. Con una oposición así, en Palacio Nacional —sin duda alguna— tienen un problema menos de qué preocuparse. 

México, sin embargo, vive un momento en verdad apremiante. La renegociación del tratado está a la vuelta de la esquina, y el gobierno estadunidense ha comenzado a apretar las clavijas; el Mundial de la FIFA tendrá lugar en unas cuantas semanas, y el Estado mexicano no ha sido capaz de contener la violencia que podría poner en riesgo no sólo la viabilidad del propio evento sino el resultado de las negociaciones comerciales. 

Las operaciones en nuestro territorio son el siguiente paso, según advirtió un presidente norteamericano que necesita mostrar un triunfo espectacular antes de las elecciones intermedias: la oposición mexicana, mientras tanto, parece decidida a seguir mirándose el ombligo y volverse cada vez menos relevante. Sin rumbo. Sin estrategia. Sin visión a futuro. Haciendo política —tristemente para lo que la nación necesita en estos momentos— como gallina sin cabeza.