Viacrucis en tiempo de COVID-19
• El Presidente ha olvidado que existe la clase media.

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
México ha vivido un verdadero viacrucis estos días. El problema es que no sólo se circunscribe a la Semana Santa, sino que lleva arrastrándolo desde hace semanas que la pandemia del coronavirus COVID-19 empezó a hacer los primeros estragos.
El presidente Andrés Manuel López Obrador y su gobierno han representado muy bien algunos papeles del Evangelio. Por ejemplo, el de Poncio Pilatos. El mandatario se ha lavado las manos al no asumir el liderazgo que requiere una emergencia sanitaria. También ha actuado como Pedro, negando tres veces —incluso más— la gravedad de la pandemia. Durante mucho tiempo pidió a la gente que se siguiera abrazando, saliendo a las calles y rechazando que el coronavirus fuera a tener algún impacto en el país.
Incluso, a pesar de estar al borde de la fase 3, él sigue manteniendo el discurso de que México es una especie de tierra elegida por Dios que es inmune a las plagas, o, en este caso, al COVID-19. El 5 de abril señaló: “Después de la India, el país con menos infectados por coronavirus y el tercer país con menos defunciones por número de habitantes”. El día de ayer reiteró: “Por eso nos está yendo bien, a pesar de los pesares. Estamos entre los 10 países del mundo con menos infectados de coronavirus y estamos también entre los 10 países con menos defunciones”. Aun con los otros datos del Presidente, el país pasó del segundo lugar al décimo en menos de una semana, pero ni eso le quita el sueño.
Este optimismo es contrario a lo que aseguran varios especialistas, quienes hablan de un inminente colapso del sector salud nacional ante la baja cantidad de pruebas para diagnosticar, la limitada capacidad en los hospitales y las enfermedades que padecen los mexicanos como la diabetes, obesidad e hipertensión.
Y, mientras en Palacio Nacional siguen felices, felices, felices, en diversos sectores ya se empiezan a sentir las caídas. La primera ha sido protagonizada por los trabajadores. De acuerdo con la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, del 13 de marzo al 6 de abril se han perdido 346 mil 878 puestos de trabajo en el país y es sólo el comienzo.
La segunda caída es la de los pequeños y medianos empresarios, que fueron condenados por el gobierno federal a cargar con su propia cruz y los ha castigado con varios latigazos: les ha reiterado que no habría ningún estímulo fiscal o apoyo para hacer frente a lo que viene. Encima tienen que pagar sus impuestos a tiempo y cuidadito de correr a un empleado porque entonces se las verán con la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Los créditos de 25 mil pesos destinados a las microempresas familiares han dejado de lado a quienes tienen entre 11 y 250 empleados.
El gobierno ha centrado todos sus apoyos a los más desfavorecidos y les ha declarado la guerra a los grandes empresarios. En su batalla personal ha olvidado que existe una clase media con la que se están ensañando.
La tercera caída es la economía del país. Calificadoras internacionales han bajado la calificación soberana de México y de Pemex. Instituciones bancarias y financieras —incluyendo la Secretaría de Hacienda— hablan de que la economía mexicana caerá entre un 3.9 y un 8 por ciento este año. Hay quien señaló que la economía se encuentra en un “estado agonizante” ante la rápida expansión del coronavirus.
Pero mientras el país su propio viacrucis, el presidente López Obrador señala que la crisis será transitoria. Es decir, seguramente él piensa que, si bien muchas empresas y empleos morirán, el país resucitará al tercer día. Todo indica que no hay nadie que le diga que eso sólo sucedió en el Nuevo Testamento.