El jueves en la noche, la Secretaría de Educación Pública y su titular, Mario Delgado, postearon en sus redes sociales una noticia que dejó a millones de madres y padres de familia perplejos: la modificación del calendario escolar para concluir clases el 5 de junio, en lugar del 15 de julio.
Las dos razones que se dieron para tomar tal medida son sólidas, contundentes y de alto valor científico. La primera es la ola de calor, fenómeno climático completamente inesperado que, de manera atípica, aparece cada año entre abril y junio y suele retirarse justo cuando empieza la temporada de lluvias. La SEP, además de encargarse de implementar el modelo de la Nueva Escuela Mexicana, también hoy opera como servicio meteorológico nacional, pronosticando las condiciones climatológicas de los siguientes meses.
La segunda explicación fue el Mundial de Futbol, que arranca el 11 de junio y que, según la lógica implícita del anuncio, volvería absolutamente imposible que los niños mexicanos pudieran concentrarse en asuntos tan irrelevantes como historia o práctica de lectura y escritura, mientras haya un partido.
La misma SEP que tardó cuatro días en sacar a un funcionario atrincherado en su oficina ahora sólo necesitó una tarde para reorganizar el calendario escolar de 24 millones de niños de educación básica.
¿Qué va a pasar con los niños y niñas el 6 de junio por la mañana? Estarán en sus casas mientras sus padres trabajarán porque a ellos no les llegó la modificación del calendario laboral. Las abuelas del país, recurso nacional históricamente subestimado, van a recibir una llamada ese día; los hermanos mayores serán nombrados tutores sin haberlo solicitado; los papás divorciados entrarán a una fase de negociación tipo Naciones Unidas para saber qué días les toca cuidar a sus hijos y los campamentos de verano empezarán a oler sangre y subir tarifas como aerolíneas en puente vacacional.
Con un mes extra de vacaciones y el Mundial encima, la prioridad nacional de la infancia mexicana ya no será aprender matemáticas, sino como llenar el álbum Panini, con sus 980 estampas, se convertirá en el verdadero proyecto pedagógico del verano. Aprenderán geografía descubriendo dónde queda Uzbekistán, matemáticas calculando cuántos sobres necesitan para llenar el álbum y hasta finanzas cuando sus padres les expliquen que una estampita holográfica de Mbappé no entra en el presupuesto familiar. También desarrollarán habilidades avanzadas de negociación internacional intercambiando tres repetidas, y un portero de Túnez por cualquier jugador o escudo que todavía no tengan.
La SEP, eso sí, aclaró que los días perdidos se recuperarán con dos semanas de reforzamiento de aprendizaje en agosto. Es decir, los niños no perderán clases, sólo las cambiarán de lugar en el calendario, como si fueran citas con el dentista que pueden reagendarse sin consecuencias.
Ante las críticas y quejas, el viernes por la mañana, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a aclarar que se trata de una propuesta. En otras palabras, parecería que, otra vez, alguien del gabinete anunció una ocurrencia antes de avisarle a la jefa. Ahora resulta que el próximo lunes se presentará una nueva propuesta de calendario escolar, según esto definitiva. Es decir, primero se trata de generar ansiedad colectiva y luego explicar que todavía estaban pensando las cosas.
En cualquier caso, el mensaje fue que en México la prioridad no está en la educación de los niños, sino en la disposición absoluta para acomodarse al calendario del futbol internacional, eso sí, manteniendo siempre la soberanía porque nadie le va a decir al país cuando tomar vacaciones.
